"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año II, Volumen Nro. 13 - Junio de 2008  

A LOS GARROTAZOS CON EL DIOS DE LA BIBLIA


Juan Cunha nació en Sauce de Illescas (Florida) en 1910, y murió en Montevideo en 1985. No es flojo decir que es uno de los pocos pero muy importantes poetas del Uruguay en el siglo XX. Como la mayor parte de lo buenos en nuestras tierras tuvo -tiene- poca celebración, aun en el "mundo de la literatura", que prefiere la "fumata" con nulidades como Eduardo Galeano o el finado Benedetti. Curiosamente Don Juan era un "hombre de izquierdas" pero su recuperación ha sido académica, con el comienzo de la edición de sus Obras (siempre casi) Completas, principiando por los inéditos, de la mano y del esfuerzo de Wilfredo Penco.

Cunha se reconocía deudor - no necesariamente poético- del chileno Humberto Diaz Casanueva de su paisano Filartigas y admitía la influencia inicial de Neruda, aunque quizá la más relevante haya sido la del español Miguel Hernández que puede percibirse en el mejor libro de don Juan: "Sueño y retorno de un campesino".

Cunha es una Voz Grande, irregular en varios sentido, de Nuestra América. Melancólico a veces, justiciero siempre, su orígen campesino y su perderse en la ciudad grande le dio un vivo sentimiento del desarraigo y de los derraigados, de la pérdida y de los encuentros, o al menos de su anhelo.

Aquí reproducimos un par de sus sonetos, que pareciendo salir de la escritura de un "petiso cabrero" son, en realidad, los de un portador del compañerismo sin límites.




Intermedio Biblia en mano

Por Juan Cunha

3

No sé dijo gritó lo desconozco
No se me pone a tiro ni un momento
Me manda su rencor siempre en aumento
Mas no se deja ver ni lo conozco

Me transmite su ira un cielo fosco
Su furor me lo trae un duro viento
Y no me da respiro y sin aliento
Me tiene y mi vivir es agrio y hosco

Nada le he hecho yo según razono
Por qué pregunto pues todo ese encono
Saña tanta por qué quiero saberlo

No contender con él no me disgusta
Más que muestre la mano no la fusta
Y que se deje ver que quiero verlo

7

Y si el día del azufre oliendo a cuerno
Quemado en instantánea sulfurada
Ahí lo tienes ni vuelvas la mirada
Que mire y dónde estaba el tal averno

Sin poner ni quitar otra que infierno
Su ceniza en Sodoma anticipada
Al igual de Gomorra fulminada
De vueltas al vacío hueco eterno

Conviene que lo aprendas y lo aprenda
Puede salirnos cierta leyenda
Y es cosa de aprender y no olvidarse

Si la primera prueba fue Hiroshima
La segunda está ahí y cuando esté encima
Pregunto si habrá tiempo de agacharse


En este número:

...si queremos limpiar este Riachuelo político
por Domingo Arcomano
Pegándole una Pigna a la historia (4ra. parte)
por Alfredo Mason
El peronismo antiperonista
por Santiago Mallorca
Cuando los montoneros venían marchando
por Domingo Arcomano
La iniciación literaria de Julio Cortázar, más allá de Borges y Marechal (1a. Parte)
por Eduardo Romano
A los garrotazos con el Dios de la Biblia
por  El Escarmiento
Sobre los muertos casi ilustres
por  El Escarmiento
Felicitas
por Abel Posadas
Cierta dura flor
por  El Escarmiento
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