"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

Editor:
Domingo Arcomano 


Secciones

[Portada]
[Editorial]
[Política]
[Economía]
[Internacional]
[Cultura]
[Medios]
[Recepción]
[Entrevistas]
[Memoriables]
[Contratapa]
Anteriores

N°1 - Jul/04
N°2 - Ago/04
N°3 - Set/04
N°4/5 - Nov/04
N°6 - May/08
N°7 - Jun/08
N°8 - Jul/08
N°9 - Ago/08
N°10 - Set-Oct/08
N°11 - Nov/08
N°12 - Dic-Ene/09
N°13 - Jun/09
N°14 - Dic/09
N°15 - Mar/10
N°16 - Dic/10
N°17 - Jul/11
N°18 - Ene-Mar/12
N°19 - Junio/12
N°20 - Oct/13
Descargar Números Impresos
Newsletter
Agregar en Google
Agregar a Mi Yahoo!
Agregar a Mi MSN
Año II, Volumen Nro. 12 - Diciembre/Enero de 2008  

DEL REVISIONISMO HISTÓRICO (1)

por Víctor Saá

 

DOS PALABRAS A MODO DE PRELIMINAR

El Archivo Histórico, interpretando los más nobles y más altos anhelos de S. E. el Sr. Gobernador de la Provincia, D. Víctor W. Endeiza, referidos a la cultura superior de nuestro glorioso Pueblo, inicia con el acto de hoy un ciclo de conferencias de tema histórico.

La cátedra que se levanta será ocupada sucesivamente por eminentes investigadores del país, cumpliéndose de esta manera una doble proyección que nos permitirá discernir lo nacional en la realidad histórica local o regional, y lo particular o provincial en lo nacional o general.

Hasta ahora, ha predominado en la exposición textual y en los juicios interpretativos de nuestra Historia Patria, una como absorción porteña de los hechos. Resultando así Buenos Aires tanto como la NACIÓN, lo cual es no sólo falso sino agraviante del muy digno sentimiento y de la muy efectiva dignidad de cada una de las provincias que han colaborado siempre en toda la gestión de la ciudad del puerto con un heroísmo y un desprendimiento de que los puntanos sabrán dar cuenta cuando conozcan bien la propia historia provincial.

Por otra parte, para valorar nuestra historia local es menester saber enfocar los acontecimientos nacionales desde San Luis, es decir iluminándolos con la luz propia de nuestra auténtica actuación histórica.
(...)

 

TRATEMOS DE ENCUADRAR LA CUESTIÓN

¿QUÉ es la REVISIÓN HISTÓRICA? Quizá para el especialista resulte un tanto sorpresiva la inquisición, a más de superflua, por cuanto en el terreno de los estudios históricos de todos los pueblos cultos de la tierra, el hecho mismo de la ininterrumpida tarea de investigar el pasado que tiene categoría histórica, es una permanente y atenta esforzada revisión.

No obstante, la cuestión se impone: primero, porque la pasión de lo tendencioso, en este mismo género de investigaciones, es un hecho que aflora a cada instante, y, segundo, porque el auténtico conocimiento histórico que alcanza al PUEBLO - la "caja de resonancia" que dice Huizinga-, mejor dicho, que tiñe el criterio medio corriente, evidencia siempre un retraso explicable con respecto a la verdad de los hechos histórico, o sea con referencia a eso que se entiende por OBJETIVIDAD de la HISTORIA.

Agréguese a esto, caso particularismo, el conocimiento de la Historia corriente o escolar, diríamos, que corresponde atribuir a la docencia primaria y media, la cual, no sé explicarme muy bien por qué, siempre aparece tan fuera de tiempo o tan retrasada, por no decir tan rutinaria, cuando tenemos varios motivos para suponerla al día, o siguiendo los pasos de día que vive la Historia.

Por otra parte, en nuestro país, no faltan quienes, ingenua o preconcebidamente, con intemperancia tozuda, a más de pretensiones de cierto inconcebible dogmatismo, han intentado presentar el revisionismo como algo que NO ES NI PUEDE NI DEBE SER, es decir, como una postura interesada en torcer o desnaturalizar o desconocer la verdad histórica, aún cuando esa "verdad" apenas sea un arnero impropio para tapar el cielo esplendente de los hechos tal cual fueron, o aún cuando esa "verdad" no sea más que obscuridad provocada ex profeso, y, obscuridad que, al fin y al cabo, el más auténtico criterio revisionista está en el deber de aclarar cuanto sea posible mediante el más estricto y honesto empleo de las fuentes utilizables.

Finalmente, no es inoportuno hacer presente ahora cierto criterio no escaso de adeptos, por lo común, supinamente ignorantes cuando no sistemáticamente maliciosa, y que consiste en sostener la inmutabilidad o la irreductibilidad de eso que entre nosotros se conoce como HISTORIA OFICIAL o ACADÉMICA. De tal modo que aquello que se dijo, tal cual debe seguir diciéndose, más que en función de la PRUEBA INCONTROVERTIBLE, en acatamiento a la muy considerada PRUEBA DE AUTORIDAD, y eso mismo, a despecho de que dichas consideración y autoridad, apenas si resultan en última instancia argumentos falaces enderezados a disimular o confundir intereses de bandería o de círculo con los muy sagrados de la heurística pura y limpia.

Y así cómo he oído decir con aplomo de lego que "la Historia está escrita" ni más ni menos que si se tratara de una REVELACIÓN, o de quien nos asegura con suficiencia de arúspice que nuestro "destino" será rosa o negro, sentencia que, desde luego, estamos obligados a escuchar con acatamiento supersticioso.

Cuan lejos nos encontramos entonces del noble deseo de dilucidar y, luego, comprender las verdades históricas; cuan lejos de lo muy difícilmente conjeturable, por lo mismo de la complejidad extrema del PROCESO HISTÓRICO, esa complejidad de que ahora no trataremos, pero que corresponde no olvidar que se confunde con la complejidad maravillosa de la vida misma.

En suma, reiteramos a inquisición: ¿En que consiste, pues, la revisión histórica? Consiste en la sacrificada tarea de descubrir el PASADO y ACTUALIZARLO - que es tanto como VIVIRLO por sobre nuestras prevenciones y prejuicios- alcanzando el plano sereno y claro, aunque empinado, de la siempre defectible OBJETIVIDAD HISTÓRICA.

 

MUCHO SE HABLA DE OBJETIVIDAD HISTÓRICA

Mi modesta experiencia en el campo de la investigación histórica me permite expresar al respecto algunas consideraciones personales. Pero no he de hacerlas, porque prefiero supeditar mi insignificancia a la magistral suficiencia de dos maestros.

Es Carlos Jaspers quien nos hace presente que "el órgano para la investigación histórica" es "el HOMBRE ENTERO". Y la advertencia adquiere una importancia fundamental cuando comprendemos cómo, en el campo de la Historia, n se persigue una OBJETIVIDAD de lo PURAMENTE OBJETIVO, que significaría negar el SUJETO actor o investigador.

Hay que tener presente que la OBJETIVIDAD del Hecho HISTÓRICO no es una realidad que el investigador tiene a su frente aislada o desvinculada de su intimidad personal. Las CERTEZAS HISTÓRICAS son o deben ser OBJETIVAS, sin duda, pero entendiendo que la OBJETIVIDAD como el remate de esa ineludible SUBJETIVIDAD que alienta a cada instante en el "hombre entero", ya se trate de un sujeto del acontecer histórico o de un investigador intérprete y valorados de ese mismo acontecer.

Por eso el P. Guillermo Schmidt -eminente maestro mundialmente admirado- contemplando el hecho histórico desde el noble testimonio de la OBJETIVIDAD -realidad exterior- y de la SUBEJTIVIDAD -realidad interior- nos muestra claramente cómo, con relación al primer aspecto la certeza corresponde a una voluntad traducida en actos, y cómo, atendiendo al segundo aspecto, la certeza es tanto como un conocimiento y un sentimiento personalísimos.

El HECHO está ahí, en un tiempo dado y en un lugar determinado: pero, para ser valorado, es decir interpretado y jerarquizado por jun SUJETO que en modo alguno puede superar en grado absoluto los presupuestos que implica su propio ser: presupuestos que, en última instancia, inciden sobre la valoración OBJETIVA o sea la interpretación de ese mismo hecho, pero con objetividad que es siempre subjetiva resolviéndose en objetividad como enseña Jaspers.

Es indudable que el investigador tiene la obligación de superar en el más alto grado posible sus presupuestos o sus muy posibles prejuicios, y, mediante el heroísmo de esta actitud honradamente interior, vencer en él la parcialidad que indefectiblemente se traduce en pasión banderiza de sistema o de ideología.

Y en lo ateniente a prejuicios, es tiempo ya de afirmar categóricamente que sólo los atrasados o legos en estos duros y difíciles empeños de la investigación histórica, sostienen todavía la existencia de espíritus "avanzados" o "modernos" que se caracterizan por estar libres de ese lastre que son los presupuestos implicados con mayor o menos evidencia en toda mentalidad, en todo criterio humano apreciativo, aun cuando se califiquen enfáticamente de "espíritus críticos".

El historiador López ha sostenido, con una crudeza digna de su no disimulado partidismo, que el investigador nunca es imparcial porque siempre es parte. Sin duda, el juicio tuene su porción de verdad. Pero expresado así rotunda y categóricamente en toda su extensión, resulta falso e inaceptable.

Precisamente, en la superación de esa deficiencia que consciente o subconscientemente puede esterilizar no pocas veces, por no decir anular, la objetividad posible de la Historia, reside en más alto mérito del investigador, al cual concebimos haciendo la vía que conduce a la objetividad- concordancia de SUJETO y OBJETO en al CERTEZA conquistada. Luchando con sinceridad a brazo partido contra los supuestos o prejuicios que pugnan en él mismo con naturalidad desconcertante por teñir u obscurecer la claridad de esa meta muy distante que es la objetividad.

Quien tenga la más elemental idea de la COMPLEJIDAD de eso que llamamos PROCESO HISTÓRICO, comprenderá plenamente lo que lo que vamos apuntando, y, más aún, tendrá una idea cabal de la necesidad incuestionable y permanente de la REVISION en el campo de la Historia.

Fácil resulta, por no decir ingenuo, afirmar: "la Historia está escrita". "Si, responderemos, está escrita, mientras no se demuestra que está falsamente escrita".

Y la persecución de la VERDAD HISTÓRICA no es sólo heroica, es muchas veces un caminar de pequeña o grande conjetura, cuando no un anhelo de consecución no pocas veces imposible. De ahí que un historiador de la talla de Carlos Pereyra ha podido escribir: "Un investigador que no está resuelto a cambiar su posición veinte veces, o cuantas crea necesario, puede ser todo lo que quiera menos crítico".

Y la REVISIÓN, entonces, no es una mera cuestión contemporánea, no es una simple necesidad que se traduce en la actualización de un pasado que se intenta supeditar a intereses más o menos inconfesables transitorios; no: la REVISIÓN, entonces, es ese impulso fervoroso por alcanzar una verdad muy esquiva, una verdad que está mas allá de una cordillera de apariencias, de figuraciones, de obscuridades y de móviles recónditos.

Y no de otro modo, la REVISIÓN se define, al decir de Luis Alberto de Herrera, como ese estudiar los testimonios históricos "a cabeza descubierta, poniendo en ellos los ojos, sin inquina, a la vez de pensar mucho y emanciparse de frágiles prejuicios!..."

 

LA REVISIÓN ES UNA TAREA DE EXTENSIÓN UNIVERSAL

SE comprenderá, sin esfuerzo, que no podré referirme a esta cuestión ni tan siquiera en términos de generalización elemental, sin desbordar los extremos prudentes de mi exposición.

Pero veremos de señalar algunos hitos de tan gigantesca tarea revisionista.

Los trabajos arqueológicos de Enrique Schliemann y de Arturo Evans, entre otros, dieron por resultado el descubrimiento de "La civilización egea" de que nos habla Gustavo Glotz. El proceso histórico griego sufrió, en consecuencia, una rectificación de fondo.

La ingente obra de Teodoro Mommsen "Historia de Roma", que se extiende desde los orígenes hasta la época de Cesar, obra que se completa con su "El Mundo de los Cesares" y su "Historia del sistema monetario de los romanos", no es otra cosa que una revisión magistral.

La bibliografía, solamente, referida al Mundo Romano, es extraordinaria, y su problemática ha ocupado y ocupa hondamente a historiadores de nuestros días. Hilaire Belloc en "Europa y la Fe", nos ofrece un magnifico estudio de revaloración histórica referente al Imperio Romano, su existencia y su caída. Plantea brillantemente esta cuestión: La invasión de los BARABROS no es CAUSA de la caída del imperio, es EFECTO de su disolución MORAL e INSTITUCIONAL.

Y así se justifica que nuestro eminente padre Cabrera haya podido transcribir este juicio: "Toda la Historia Antigua esta en vías de reconstrucción y se trata de reconstruirla, siguiendo nuevos métodos".

Sobre la EDAD MEDIA se esta en plena tarea revisionista. El proceso ha sido el siguiente: Primero, un preconcepto simbolizado por unas Tinieblas que apenas si hoy pueden reconocer como razón de su existencia la pura IGNORANCIA PRESUNTUOSA; después, una romántica rehabilitación medieval que en resumidas cuentas no fue mas que idealización poética; y, finalmente, un conocimiento serio que se trasunta en investigadores de la envergadura de Pirenne en lo económico, de Gerald G. Walssh S. I. y de Wilson en lo que respecta a la cultura, y de Nickerson en lo referente a otros aspectos históricos de esa edad. Podríamos mencionar una pleyade de medievalistas. Nos contentaremos con citar estas significativas palabras de Nicolás Berdiaeff: "es hora ya de que se acabe de hablar de las tinieblas de la Edad Media y el oponerles la antorcha de la historia moderna".

¿Para que hablar de la Edad Moderna a cuyo término asistimos? Todas las historias nacionales están rehaciéndoos con estrépito de los sistemas idealistas o positivistas o materialistas que las informaron. El historicismo determinista agoniza en el más franco descrédito. El proceso histórico se espiritualiza y ya no resulta poco serio hablar de meta-historia, de supra-historia o de extra-historia.

Los ingleses Chesterton y Arnold Toynbee, muy difundidos ya entre nosotros, los franceses Bainville y Gaxotte, continuadores de esa tarea que consiste en la revisión de las ideas tocquevillanas referentes a la Revolución Francesa tan relacionadas con nuestra Historia Nacional, el holandés Huizinga, el húngaro Antal Schutz, los alemanes Carlos Jaspers y Guillermo Schmidt ya citados, el italiano Olgiati, por no referirme a los españoles Ballesteros Beretta, Ramon Menéndez Pidal y al eminentísimo D. Rafael Altamira, fallecido el 1 de junio de 1951 en México, de quien quiero recordar una de sus ultimas obras: "Los elementos de la civilización y del carácter de los españoles" que podemos considerar como toda una requisitoria eruditísima de REVISION, entre tantos otros, han realizado egregio REVISIONISMO.

Y así toda Hispanoamérica y Anglo América.

Las ciencias auxiliares no escapan al proceso de revaloración. La REVISION alcanza los mismos conceptos fundamentales. La Historia Universal conquista precisión con Jaspers, la Historia de las Religiones y la Comparada con Schmidt , la misma antropología evolucionista y materialista con la vulgarización novísima de Carlos Knight, la Historia de la Cultura con Buckhardt, Spengler, Schubart, Gonzaga de Reynold y Carlton Hayes, por citar algunos eminentes cultores. La Cronología hace crisis en su concepción metodológica clásica con Berdiaeff y la Filosofía de la Historia nos ofrece trabajos sorprendentes como "La Historia y su protagonista" del inspirado padre Ricardo Lombarda S. I. que visitó nuestra patria el año 1951 en cruzada magnifica, y "Dios en la Historia" de Antal Schutz, contribución esta última cuya lectura encarezco, ya que su jerarquía está abonada por la fama mundial de su autor.

Todo se revisa, señores, todo se remira con los mejores ojos de las mejores escuelas de crítica histórica. Eco de esa revisión universal son, entre otros, los Cuadernos de Historia del profesor Juan Antonio Villoldo. De modo que resulta muy interesante comprobar cómo, ya, en nuestro país, está cambiando desde el concepto de HISTORIA y su falsa parcelación entre PRE-HISTORIA y PROTO-HISTORIA, hasta la idea de PROCESO HISTÓRICO, que empezamos a comprender como una UNIDAD NATURAL basada en la UNIDAD e INVARIABILIDAD SUBSTANCIAL de la especie humana.

 

LA REVISIÓN HISTÓRICA EN NUESTRA PATRIA

SERÍA de lamentar que los historiadores argentinos estuvieran al margen de este movimiento universal de revisión. Si tal ocurriese querría decir que la investigación histórica e nuestro país estaría aquejada de estancamiento dogmático o de lignificación conceptual. Lo que a Dios gracias no ocurre.

Eso sí, y a pesar de la vigorosa y autorizada corriente revisionista de la Historia Argentina, no puedo menos de subrayar dos aspectos negativos. El que se refiere a la docencia primaria y media, primero, generalmente muy retrasada en lo atinente a conocimientos actualizados del acontecer histórico nacional. Y, segundo, el relacionado con la "caja de resonancia", vale decir el PUEBLO, dicho sea con términos de Huizinga, el cual recién hoy empieza, con cierto grado de conciencia histórica, a denotar alguna atención por la problemática de nuestro pasado histórico, que se pone en evidencia mediante el anhelo de vivir lo tradicional, interpretando su más auténtico contenido y sentido; esto último quizá debido a otros factores que están incidiendo en el momento que nos toca convivir.

Es indudable que la Historia Argentina NO ESTA ESCRITA; en modo alguno puede estarlo la ímproba tarea de la investigación analítica recién está en marcha. Los ARCHIVOS permanecen ignorados o parcialmente conocidos, PETICION precaria o deficiente, que no implicaría consecuencias tan lamentables, si a esa misma repetición no se le diera, como no pocas veces se le da, carácter apodíctico o de objetividad definitiva.

En San Luis, que, sin duda, tiene vocación docente reconocida por toda la nación, pero que, todavía, mantiene a este respecto un criterio retrasado, ha sido menester reiterar la incuestionable verdad de que la Historia Nacional no está escrita aun cuando algunos historiadores eminentes como Mitre y López hayan colocado algunos sillares de eso que será un día la romántica construcción histórica argentina.

Aunque cause asombro en los ambientes legos, el hecho es éste: recién, una legión de investigadores desconocidos, carentes de campanillas o carteles efectistas, está realizando ficheros, anotaciones críticas, comentarios desperdigados o sistemáticos del ingente HABER DOCUMENTAL que guardan los casi vírgenes repositorios argentinos, ¿Qué diremos de las fuentes aún en poder de particulares residentes en el país o fuera de él por no mencionar la riquísima documentación que se guarda en el extranjero y que comenzamos a conocer o estamos por descubrir?

Convicción de fondo y previa, señores, es pues ésta: La Historia Argentina no está escrita, en modo alguno puede estarlo. Asistimos, empero, a una empeñosa y sacrificada empresa de elaboración o preparación de primer grado, diríamos, sobre la cual se ha de levantar mañana ese monumento que será nuestra Historia Nacional.

Y ese monumento significará tanto como el coronamiento del lento, meritísimo y ahincado PROCESO DE REVISIÓN ARGENTINO a que me quiero referir someramente.

Si tenemos presente que la CERTEZA HISTÓRICA no puede ser fruto del apasionamiento contemporáneo que debemos atribuir a la OBJETIVIDAD que se va alcanzando, ya que lo subjetivo es ineludible en dicha objetividad, necesitamos no sólo un conocimiento que es imposible improvisar, sino, además, una distancia o perspectiva histórica que tampoco se alcanza con solo el ejercicio de la voluntad discriminativa del investigador.

Porque es el caso de recordar aquella referencia del Capitán de los Andes cuando manifiesta que los hombres juzgan el PRESENTE según sus intereses y del PASADO según la JUSTICIA que presumiblemente podamos atribuirles.

Afirmo categóricamente que carecemos de un texto de Historia Argentina, aunque muchas mal llamados manuales lo parezcan. Los textos y los manuales están por escribirse. Y no puede ser otra manera, ya que tampoco existe la obra magistral que la mayoría supone con ingenuidad bendita.

Desde el "Ensayo..." del Deán Funes hasta la "Historia Gral. De la República Argentina", de Ruiz y Ruiz, o si se prefiere, hasta la "Historia de la Nación Argentina", dirigida por el Dr. Ricardo Levene, sin olvidar todos los trabajos fragmentarios de que se ha hecho eco Carbia en su "Historia Crítica de la Historiografía Argentina", apenas si estamos en presencia de intentos que no pasan del valor que podemos atribuir al andamiaje, generalmente anticipo de la futura construcción.

No me he detener a considerar las obras, porque el esfuerzo me desviaría del tema, pero me bastaría tomar cualquiera para hacer ver su deficiencia, no sólo como evidencia de lagunas notorias sino como falsedad de concepción e interpretación total, o sea, eso que se quiere presentar como NACIONAL.

De ahí a la REVISIÓN constante, fluida, ágil, tesonera, desinteresada, honesta, y llevando en el corazón mismo de su empeño, amor por eso que ha sido substancialmente la NACIÓN y que sigue siéndolo en todas las manifestaciones de su SER HISTÓRICO.
Y ahora, otra afirmación categórica.

EL REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO no es ninguna novedad. El está en marcha desde los días mismos de nuestra guerra civil llamada de la Independencia. Citaré una sola obra, "El paso de los Andes", del general Jerónimo Espejo, que, aun cuando se editó en 1882, se refiere a un hecho prominente de nuestros comienzos independientes. Toda la obra está enderezada a rectificar juicios falsos de historiadores chilenos. El general Espejo resulta así, por los propios términos de su interesante y documentada obra, uno de los primeros revisionistas argentinos. De Espejo a nuestro días, o sea hasta lo que han publicado entre cien: Enrique de Gandía, Julio y Rodolfo Irazusta, Carlos y Federico Ibarguren, Justo Díaz de Vivar, Guillermo Furlong, Vicente D. Sierra, Pedro Grenón, Rafael Alberto Altamira, Raúl A. Molina, Manuel Gálvez, Pedro de Paoli, Ernesto Palacio, Ricardo Zorraquín Becú, Manuel y Juan B. Tonelli, Jordán B. Genta, Diego Luis Molinari, Alberto Escurra Medrano, José Luis Trenti Rocamora y Raúl Scalabrini Ortiz, la supuesta magistralidad inmutable de las consideradas obras insuperables, ha sido cuarteada, y en muchos aspectos pulverizada.

Todo se ha superado y continúa superándose mediante un esfuerzo patriótico, inteligente y luminoso, de seria efectividad investigadora.

Desde la FUNDAMENTACIÓN de la Historia en Mitre o en López hasta la interpretación o sentido de los hechos, con eficacia gradual se ha rectificado parcial o totalmente, y sigue rectificándose.

El propio campo de la heurística no puede oponer otra condición al nobilísimo empeño revisionista que el más estricto adecuamiento a la verdad histórica.

¿A qué se debe entonces esa estridencia, o esa actitud hierática sorprendida, de gesto descompuesto cuado no indignado, con que en algunos cenáculos o juntas, se ha juzgado en nuestros días esa labor revisionista a que me vengo refiriendo? ¿A qué se debe que algunos sedicentes "revisionistas" a la postre resultan antirevisionistas? ¿A qué debemos atribuir que algunos otrora precursores del revisionismo histórico argentino como Ricardo Rojas, hoy, se han sumado a la oposición negativa, estéril y rutinaria del antirevisionismo?

¿Acaso porque el revisionismo tiene una finalidad que algunos han calificado con términos equívocos de "reaccionaria"?

¿Será porque la revisión alcanza con manifiesta parcialidad a determinadas figuras próceres, con exclusión de otras?

¿O tendremos que reconocer falta de autoridad, carencia de fuste y ausencia de método científico en los investigadores revisionistas?

Quien conozca algo del tema que trato de exponer en forma escueta está en condiciones de contestar negativamente las tres formulaciones del interrogatorio.

Y si no, veamos.

¿Cuál sería el espíritu reaccionario - según se lo entiende con criterio liberal- que podríamos apuntar en eruditos investigadores como Emilio Ravignani, Diego Luis Molinari o José Torre Revello?

¿Qué figura históricamente significativa ha quedado fuera del campo revisionista, desde San Martín, Moreno y Rivadavia, o Pueyrredón, hasta Rosas, Ramírez, Facundo Quiroga, Estanislao López o Ibarra; desde Carlos María de Alvear, Belgrano, Saavedra o Tomás de Anchorena, hasta Sarmiento, Alberdi, Mitre o los Varela? ¿Qué hecho no se ha dado vuelta para iluminarlo y airearlo desde todos los costados y planos, desde todos los ángulos de todos los intereses personales, nacionales o extranjeros?

Así es cómo, un prominente ensayista, José María Rosa, ha podido escribir, refiriéndose al revisionista, que éste se propone "reconstruir el pasado conforme a una auténtica crítica, y valorando de acuerdo a la mejor conveniencia nacional", agregando que "auténtica" tiene el significado de crítica metódica y veraz, que es siempre difícil donde tantas resistencias se levantan contra quien dice toda la verdad y nada más que la verdad".

Y no de otro modo, un ilustre revisionista uruguayo, Luis Alberto de Herrera, dirigiéndose a la juventud rioplatense, en páginas de magnífica prosa y a modo de proclama, ha podido expresarse así: "Jóvenes de ahora: La verdad ya sopla fuerte, con alas de pampero, en los campos de la historia nativa; se disipan las brumas que por tanto tiempo entoldarán el firmamento espiritual; a la fecha, las "mentiras convencionales", sean las que fueren, trepidan y se desploman".

De tal suerte, hemos ido conociendo cada día mejor el acontecer histórico argentino. Y de hoy para mañana, magüer el simplismo o la malicia que han creído posible en este campo la resistencia negativa de la inercia embanderada, la conoceremos mucho mejor, a fin de que sea posible escribir pasado mañana la HISTORIA de que carecemos.

Por último, sin poder mencionar un conjunto que trabaja con silenciosa eficacia en todas las provincias, ¿quién puede negar autoridad científica a historiadores como el P. Guillermo Furlong, que con el monumento de sus obras es él solo una institución; a eminentes investigadores de la reciedumbre de Ricardo Font Ezcurra, de Julio Irazusta, de Carlos Ibarguren y de Mario César Gras?

No, lo que ocurre finca o radica en otras miras, no siempre confesables, no siempre disimuladas con apariencia científica. Lo que intenta oponerse al revisionismo es cierto apriorismo en franca derrota, es cierta seudo-ortodoxia es cierto criterio dogmático que a si mismo se califica de ilustrado - entendiendo la ilustración como su exclusivo patrimonio-, es cierta auto defensa de posiciones que se consideran hereditarias, es no poco de sentido sectario esencialmente antinacional, es también erudición extemporánea, y, además, inquietud apenas encubierta ante la pura y manifiesta objetividad que están configurando los documento que día a día van saliendo a luz para asombro de ese mismo postizo patronato de la Historia en trance de tener que reconocer el error sustentado con tozuda pertinacia.

Y que el revisionismo argentino no es manifestación esporádica o aislada, no es interpretación vacía de ese sentido de acusa continental que selló secularmente la unidad imperial hispánica, nos la confirma la autoridad de Julio César Vignale desde la otra ribera del Plata, y la de Jaime Eyzaguirre y Osvaldo Lira, desde el otro lado de los Andes. Y de ese modo, otros estudiosos eminentes, en toda América.

Es indudable, y por lo mismo nos e puede negar, que el revisionismo implica un cambio de valoración, una conversión que diríamos axiológica de los hechos históricos y de los sujetos autores de esos hechos. El revisionismo resulta así propugnando una nueva jerarquización de ese mismo vivo y auténtico acontecer nacional; pero, sobre la base de las más austera investigación, aquella que no permite ocultaciones, tergiversaciones Olvidos o silencios sospechosos; aquella que no se concreta en una ruptura inconcebible por el hecho de oponer una ideología a otra.

Pongamos un ejemplo: El revisionismo enjuicia al liberalismo exótico, pero no lo niega como contenido histórico. Lo apunta escrupulosamente donde lo encuentra, se trate de una personalidad como Alberdi, o de una Institución como el Estado. De modo tal, entonces, que, cuando el liberalismo intenta erigirse en substancia de la convivencia nacional se le demuestra que apenas si se le puede considerar como un accidente que ha contradicho, provocando innúmeros males, el sentido histórico de esa misma convivencia.

Tal la esencia del REVISIONISMO. Y cuando se le opone la rígida jerarquización de ese mismo liberalismo oportunista, se le demuestra documentalmente que la jerarquización pretendida es falsa, porque carece de raíces en el pasado, porque la savia que sustenta esa valoración procede de ridículas advertencias, vale decir porque la valoración no es nacional, no correspondo a lo tradicional, ya que apenas si aparece enfeudada a intereses foráneos que han estado a punto de provocar la desnaturalización o la negación del SER HISTORICO NACIONAL ARGENTINO.

De ahí que para el revisionismo no haya "res nulius" o soluciones de continuidad en el proceso histórico. Todo le merece la más atenta interpretación, desde las puras influencias intercausales complicativas que se manifiestan en el pensamiento y en la acción de Rivadavia, hasta la férrea reciedumbre del más cierto cuño tradicional que trasunta el criterio y la concreción política de ese mismo criterio en Juan Manuel de Rosas. Desde el monarquismo utópico de Rivadavia hasta el federalismo realista y dictatorial de Rosas.

Y de tal suerte, el revisionismo no enarbola otra bandera que aquella que distingue al pueblo argentino en la con vivencia universal de las naciones.

LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO Y EL REVISIONISMO HISTÓRICO

ES muy difícil tratar el tema del Revisionismo Histórico Argentino sin mencionar el aporte particularísimo y muy eficiente que ha cumplido y sigue cumpliendo en forma brillante nuestra joven y pujante Universidad regional.

Los "Anales del Instituto de Historia y Disciplina Auxiliares", donde campea en primer plano el esfuerzo heurístico muy valioso de Juan Draghi Lucero" los "Cuadernos de Historia", la "Revista de Historia" que nos brinda la contribución acendrada de un puntano -me refiero al profesor Toribio M. Lucero-, los "Fascículos de la Facultad de Filosofía y Letras", la "Revista de Estudios Franceses" en donde se puede leer ensayos meritísimos de Ángel González Álvarez, Alberto Falcionelli, Jaime Maria de Mahieu y Toribio Martín Lucero, y los "Anales de Arqueología y Etnología" que atesoran trabajos debidos a investigadores de nota mundial como Osvaldo Menghin, Antonio Tovar y Alejandro Gallus, son testimonios fehacientes de mi categórica afirmación.

Desde la convencional prehistoria a la historia contemporánea, palpitan ahí todos los problemas. La arqueología, la lingüística, la etnología, la antropología y la culturología, están presente con sus requisitorias del momento que vivimos.

La tarea de investigación se muestra incesante, fluyente, de tesón admirable y, sobre todo, con ojos dispuestos para la más franca revisión. Desde los orígenes del hombre llamado prehistórico hasta los distintos grados de su cultura, incluyendo la tan debatida cuestión del hombre americano. Desde el "monoteísmo primitivo" al "arte paleolítico", des de la "monogamia originaria", el instrumental doméstico, las armas, la domesticación de algunos animales, la maravilla del fuego, la costumbre del canibalismo y de la cremación, hasta los más serios debates sobre las razas antropológicas y las históricas, todo ha sido estudiado con criterios técnicos e interpretativos nuevos. Basta seguir las páginas recientes de Osvaldo Menghin y de Antonio Tovar - esta último ha replanteado el problema de las invasiones indo-europeas en Grecia, Italia y España-, para comprender que la REVISIÓN es el impulso vital de la investigación histórica universal.

La ignorancia, señores, no apena; ella puede, por diversos motivos y circunstancias, cuando se la declara con humildad, ser objeto de loa. Lo que aflige y en ocasiones indigna; es confirmar cómo la supina presuntuosa ignorancia, pretende no pocas veces sentar cátedra, precisamente en aquello que ignora, o sobre aquello con respecto a lo cual nada puede decir, a no ser la justificación apasionada de su falta de conocimiento.

Es admirable comprobar cómo la tarea revisionista en lo que va del presente siglo, "ha superado la candidez infantil del EVOLUCIONISMO y del MATERIALISMO FILOSOFICO del siglo pasado" al decir de Menghin. Y esa misma tarea revisionista nos ha conducido a una más eficaz colaboración de las Ciencias Auxiliares de la Historia. Así vemos más estrecha e inteligentemente unida a la LINGÜISTICA con la ARQUEOLOGIÁ en el estudio de ese problema que consiste en el desplazamiento de los pueblos considerados INDO-EUROPEOS; y a la ARQUEOLOGIA, mediante el recurso de la ALFARERIA, con la CRONOLOGIA, en la dilucidación de ese otro problema intrincado, arduo y de participación universal, que comprende la GEOGRAFIA HISTORICA PALESTINIANA unida íntimamente con la CRONLOGÍA BIBLICA.

A propósito del recurso de las CULTURAS DE LA CERÁMICA, utilizado tan activamente en Palestina con motivo de las excavaciones cumplidas desde 1924 hasta 1934, a que se refiere Sir Charles Marston en su libro "La Biblia ha dicho la verdad", resulta mas que interesante verificar cómo Antonio Tovar en su ensayo sobre "La conquista del mediodía de Europa por los idoeuropeos" -conferencia pronunciada en nuestra Universidad el 30 de junio de 1949- utiliza con seguridad el recurso de la ALFARERIA, casi desconocido hace medio siglo por los arqueólogos, para replantear el problema de la dispersión de los indoeuropeos.

Demos un salto y vengamos ahora la revisión relacionada con problemas polémicos de Historia Moderna y Contemporánea.

Confieso que en modo alguno creí posible descubrir en nuestro ámbito docente universitario una figura del vigor intelectual y de la capacidad inquisitiva de Alberto Falcionelli. Basta leer su admirable trabajo titulado "La ilustración ante la Historia o decadencia de la Libertad" para comprender en el acto que se está en presencia no sólo de un erudito, sino de un ensayista de primera categoría.

Leyéndole, de inmediato he recordado los magníficos comentarios de Carlos Pereyra en su "Quimeras y Verdades en la Historia", a propósito de eso que conocemos por "historia de la Revolución Francesa", y que desde Michelet a nuestros días, con palabras de Falcionelli, apenas si puede calificarse de "tesis burguesas relativas a la causa de la revolución"; cadena de "mistificaciones que Facionelli deshace, invalidando el antecedente "feudalismo" para explicar el consecuente "revolución". Gaxotte, el extraordinario Pedro Gaxotte, no ha ido más lejos por este sendero del revisionismo francés.

No me será posible referirme a todos los temas y en cada uno de ellos señalar la riquísima veta de cuestiones o problemas que encierran antiguos algunos nuevos otros.

Quiero sencillamente destacar cómo nuestra Universidad, la más joven del país, vive todos los hondos y acuciosos interrogantes de la Historia Universal, descubriendo en la preocupación que anima a los especialistas un espíritu abierto y superior de REVISION.

Con respecto a la Historia Nacional, recordaré el éxito con que, bajo la responsabilidad de la Universidad Nacional Cuyo, fue cerrado en Mendoza el Congreso Nacional de Historia del Libertador General San Martín a fines de 1950, con representaciones calificadas de todas las universidades y de todos Institutos especializados de la Republica.

De esas jornadas inolvidables, clausuradas en memorable sesión del 31 de diciembre por S. E. el Sr. Presidente de la República general Juan. Domingo Perón y por su egregia esposa Doña María Eva Duarte, diré únicamente que se caracterizaron por su sentido revisionista.

De nada valió entonces que algunos anquilosados representantes de las conocidas consignas intentaran rasgarse las vestiduras.

La decidida mayoría renovadora marcó el rumbo, y el congreso fue eso: AUTENTICO REVISIONISMO.

Deseo señalar un solo aspecto del mismo: la CONCIENCIA HISPANICA que se puso de manifiesto sellando la convicción alcanzada, contra todas las falsificaciones, referente a la COMUNIDAD que nos es propia: la HISPANIDAD.

De la pieza magistral leída en aquella oportunidad por el general Perón, diré que girando alrededor de su concepción del CONDUCTOR, referida al Capitán de los Andes, fue sencillamente insuperable.

 

EL REVISIONISMO HISTÓRICO EN SAN LUIS

San Luis no está ausente en la corriente revisionista argentina. La obra modesta pero sincera, fragmentaria siempre al par que brillante de Fr. Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar O. P. -entrerriano de nacimiento aunque puntano de corazón-, la posterior de Gilberto Sosa Loyola, Ramiro Podetti y Laureano Landaburu, entre un grupo de cultores de difusión y categorías varias, como la del muy serio investigador bonaerense Urbano J. Núñez sin olvidar a Julio Cobos Daract, cuyo texto de Historia Argentina es ya un atisbo de lo que su espíritu privilegiado pudo dar en el campo revisionista, por cuanto el autor de "Así se sirvió a la patria", a pesar de su ascendencia familiar por la vía materna, era un federalista leal de cual no conocemos "El alma de la montonera", trabajo que tenía en preparación cuando su vida declinaba lentamente agotada por cruel dolencia, otorgan a San Luis el derecho de considerarse presente en esta parcela de la cultura nacional, como asimismo las contribuciones dispersas del Dr. Nicolás Jofré y los trabajos volanderos y casi totalmente desconocidos de D. José María Tissera.

Y no he mencionado a Juan W. Gez, porque con Gez comienza la crónica histórica del terruño, tal cual lo señala Carbia.
Fue, por sobre todo, el cronista puntano, un "datista" apurado e ingenuo, un papelista de avanzada a quien correspondió abrir la ruta. Ese es su valor indiscutible. Quizá no le corresponda el mérito de papelista, con un sentido literal, porque considerado así y estudiándola a fondo, apenas si resulta un pirquinero de la investigación.

Su interés por las cosas del terruño es evidente; empero, actitud que no siempre se puede explicar plenamente, no ocurre lo mismo con su comprensión, y, por ende, con la interpretación que él da a los hechos históricos que consideró.

Con respecto a su obra ha comenzado ya entre nosotros la tarea pujante y perfeccionadora de la revisión.

Quien abra su "Historia de la Provincia de San Luis", y emprende la tarea de compulsa o comprobación, no sólo verificará datos equivocados o lagunas ineludibles en todo trabajo de esta índole, máxime si prístino, sino que de inmediato se enfrentará con el enfoque clásico, patrimonio de la historiografía argentina de fines del siglo pasado.

Repito que la deficiencia de su crónica no estriba, por sobre todo, en sus lagunas o en sus inexactitudes muy numerosas, sino más que nada, en su criterio interpretativo, en la valoración que atribuye a los hechos y a los sujetos de los mimos.

Estudiando sus numerosos trabajos referidos a la Historia del Pueblo Puntano, el criterio del investigador que fue Gez aparece supeditado siempre a influencias muy conocidas; tales la de Mitre y la de López. En momento alguno consigue superar el peso muerto de los juicios hechos. No precisamente por limitación intelectual, así lo creo lealmente, máxime cuando él se consideró siempre un "ilustrado", sino - porque era un militante de ese liberalismo que supone el proceso histórico como una concatenación evolutiva sujeta a leyes de perfeccionamiento que se diría lógico.

Basta leer con detención el "Resumen de la vida colonial" que nos ha dejado para comprobar cómo su definición ideológica le impidió comprender esencialmente lo HISPANICO, lo ARGENTINO, lo PUNTANO. Su ilustración normalista, manifiestamente enciclopédica, desfiguró y anuló en él la experiencia misma de los hombres y las cosas del terruño, Estaba imbuido de demasiadas hipótesis y teorías, para poder escuchar la auténtica y orientadora voz del sentido común. Conocía discretamente nuestra realidad geográfica, y había tratado largo tiempo las diferentes clases de nuestro pueblo, pero la superestructura que podemos descubrir en su cultura le condujo a subestimar en alto grado el factor humano que debió calificar. Por otra parte, esa era la tónica de la oligarquía mitrista a que él estuvo afiliado. El subjetivismo que le distinguía aparece no pocas veces manifiestamente ingenuo, o alcanza el plano violento de la pasión que se expresa con categórica grandilocuencia.

No corresponde hacer ahora un estudio analítico de su obra. Sintéticamente, esta sola tarea, me impondría una exposición que rebasaría el tiempo prudente que debe durar una conferencia.

Debo sí, en esta oportunidad, afirmar que en ocasión de la reedición posible y conveniente de su "Historia de la Provincia de San Luis", la delicada misión debe ser cumplida por quien esté en condiciones de ofrecernos minuciosamente anotadas las paginas del texto ya superado de la conocida obra de Gez. Desde luego, lo propio del autor debe reimprimirse tal cual. No obstante, los escollos y las notas, sin dudas, tendrán que ser numerosos; tal el cúmulo de hechos que deben ser rectificados, aclarados o ampliados, a más de las lagunas que es menester llenar.

Lo más flojo de la crónica de Gez es la parte que ha dedicado a estudiar el período hispánico, Quizá la falta de tiempo y de bibliografía orientadora y adecuada le impidió estudiar a fondo el proceso histórico correspondiente a esa época. No quiero hacer hincapié en sus prejuicios de escuela, por demás conocidos y estudiados; mi propósito se reduce puramente a poner en evidencia su falta de conocimientos elementales, su obscuridad en materia expositiva y documental.

Por otra parte, descuidó algunos factores fundamentales del acontecer histórico provincial, tales el institucional, el religioso, el económico y trató muy superficialmente otros como el social. Apuntó, por sobre todo, los aspectos político y militar; pero, en ambos se descubre a primera vista un partidismo que para 1916 podía parecer historia, no así en los días que corren, cuando apenas si puede tomarse como crudo dogmatismo positivista en el Campo vivo y complejo de la Historia.

Concretaré algunas cuestiones. No tuvo idea de la importancia del Cabildo. Teniendo documentación a mano, documentación casi virgen que posteriores investigadores americanos han utilizado de forma eficiente, asombra comprobar que Gez ignorara que al Cabildo puntano correspondía la jerarquía de una Tenientía de Corregimiento en la grandiosa y singular arquitectura institucional de la España Imperial.

Careció de criterio propio con respecto a la obra de España en América. Sus nociones antropológicas, etnológicas y lingüísticas, resultan en la fecha muy objetables. Su fundamentación de la Historia no es sólo pobre, es esporádica y, a veces, absurda.
Del período independiente, lo mejor tratado por él, me refiero a los capítulos que ha dedicado a la Guerra de la Independencia, deben rehacerse en su totalidad a fin de adecuarlos a la realidad documental y cronológica. Entendió la anarquía como una CONSECUENCIA de la falta de aptitud y de educación parta la libertad cuando sabemos que fue un proceso de RESISTENCIA de esa conciencia plena que teníamos de nuestros derechos en trance de ser avasallados por la oligarquía porteña. Y por eso mismo, el cronista Gez, no entendió la "montonera" y mucho menos la misión de los CAUDI LLOS. ¿Cómo podía entenderlos si él no tuvo un conocimiento exacto con respecto a lo que fue el sentido y Contenido de lo MISIONAL y de lo INSTITUCIONAL en la grandiosa obra de la España redentora y civilizadora?

Por su formación, y, más aún, por su profesión, Gez era un admirador, por no decir un idólatra de la "ilustración" como valor en sí capas de realizar esa maravilla que consiste en hacer la felicidad de los pueblos.

Es evidente su inquina contra eso que él, repitiendo a Sarmiento, entendió como la "barbarie". Los capítulos en que - trata las gobernaciones de D. José Gregorio Calderón y de D. Pablo Lucero, son el remate y el contraste más vivo de eso que él descubrió encarnado en los CAUDILLOS, desde Artigas hasta Quiroga, desde nuestro licenciado Funes hasta los gobernadores mencionados quienes por el solo hecho de haber gobernado bajo la égida de Rosas, aparecen en sus páginas como suspectos de cerril servilismo. Lo que es totalmente falso.

El sentido de su inspiración sigue una corriente muy conocida: Moreno, Rivadavia, Sarmiento y Mitre. Este último, sobre todo, es su numen inspirador cuando aborda los períodos llamados "constitucionales". Y hasta su misma conocida animadversión hacia el roquismo -mendocismo local- le presenta como un epígono declarado del vencido en La Verde.

Aun cuando debió conocer la obra de Ernesto Quesada y de Adolfo Saldías, sus apriorismos y su manifiesto partidismo no le permitieron comprender el papel fundamental de la dieta dura de Rosas en el proceso que condujo a la UNIDAD NACIONAL.

Era demasiado maestro de escuela, estaba demasiado empinado en su pedagogía de corte paranaense, para sobreponerse a los intereses de clases, de la prominente clase ilustrada, según él lo entendió.

Y si descubrimos en Gez alguna superficial simpatía por la figura de nuestro primer gobernador D. José Santos Ortiz, secretario que fue de Facundo, hay que entenderlo como una secuela del rivadavianismo que se le atribuye sin mayor fundamento en su gestión gubernativa, quizá por su menguada medida de clausurar en San Luis el convento de regulares dominicos -de gloriosa tradición apostólica y cultural- mediante una resolución de 1823 que está muy mal estudiada.

En suma, la crónica de Gez es una suerte de dualismo histórico que alguna vez denunciara en actitud romántica Ricardo Rojas, cristalizado en esa oposición de personajes como demonios o como dioses.

Y por eso mismo, los ejércitos de la Libertad, los ejércitos de la Patria, no son para el cronista puntano las mesnadas irregulares de los caudillos.

Condenaciones y exaltaciones rotundas; he ahí en síntesis el plano eje en que se mueve la connotación e interpretación del acontecer histórico provincial de Gez.

El intuye "el alma colectiva de nuestro pueblo" pero como generada por la ILUSTRACIÓN, como consecuencia de es que él llamó "luchas por la libertad y el orden institucional". Por eso, no puede menos de mostrar en el "Prólogo" de su obra lo que será la objetividad de sus certezas históricas a través del texto. He aquí sus palabras:

"Como argentino y como educador, he estado siempre de parte de las nobles causas de mi patria; del lado de los ciudadanos reconocidamente más cultos y sinceros; de parte de la causa civilizadora, con el orden y la moral; con los ideales permanentes de la libertad y los legítimos anhelos del pueblo. Así, pues, no es extraño que fulmine la tiranía y el caudillismo, grandes, rémoras de la verdadera democracia y de la cultura colectiva, porque se han opuesto constantemente a la vida institucional y a la vida civilizada".

Superar el subjetivismo de Gez, reconociendo sin embargo el mérito de sus afanes, a más de la sinceridad de sus convicciones, -que por eso no quiere decir que sean verdaderas- será la tarea que corresponde cumplir al revisionismo local en el largo y difícil sendero que resta recorrer.

Hace medio siglo, un fino espíritu al par que brillante y profundo intelecto, me refiero a David Peña, en una de sus bellas y documentadas clases en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, al estudiar la personalidad de Juan Facundo Quiroga, expresó la siguiente convicción: ¡Ah, señores! ¡La historia no está escrita todavía! Se enredan a la pluma del escritor prejuicios e influjos de parientes y admiradores, o de enemigos implacables de los personajes a exhibir, y una niebla movediza sigue su vista cada vez que escruta la verdad escondida en el pasado!".

Hoy, la seria cuestión heurística aludida sigue planteada en idénticos términos, y no sólo en virtud de las razones apuntadas con tanta exactitud por Peña, sino por el hecho, día a día puesto en evidencia, de que aun no conocemos la documentación que permita al investigador escribir, con cierto grado de justa objetividad, la Historia Nacional de que carecemos.

Había transcurrido un cuarto de siglo desde los días aquellos en que David Peña concitó el ahincado interés de los entendidos con sus clases reivindicatorias, cuando Isaac E. Castro, disertando en el Instituto Popular de Conferencias de "La Prensa" de Buenos Aires sobre el tema "Sarmiento ante la montonera", reiteró esta afirmación: "Señores: la historia que nos han contado es falsa".

He intentado descubrir los fundamentos de esta afirmación rotunda que dijérase un reto en la justa por la verdad histórica, y, prescindiendo de la documentación del caso, creo haberlos encontrado en estas palabras claves de Joaquín V. González que tomo de "La Tradición Nacional": "La tradición es el eco del espíritu y del corazón de la sociedad".

Pero, ¿qué es lo que pervive proyectándose hacia el futuro, y cómo, en ese eco? Esta es la cuestión. Porque si el cuadro que nos depare el recuerdo ha de ser trazado por "la imaginación, el terror y la pasión", del modo a que se refiere González, ¡ah!, entonces, señores, yo me explico muy bien la categórica aseveración rectificadora de Castro.

Por años más tarde, el doctor Carlos Ibarguren, haciendo la presentación del escritor Julio Noé en oportunidad de dictar éste una conferencia sobre "Los historiadores argentinos" en el mismo instituto ya mencionado, hizo notar que la historia nacional conocida, apenas si se podía considerar como un aspecto fragmentario de su real proceso, por cuanto la actuación de Buenos Aires llenaba en nuestro textos todo el escenario argentino, con exclusión "del factor local en el interior del país".

Y el conferenciante citado, después de haber pasado revista a los historiadores de nuestra Patria, hasta alcanzar "los Historiadores Modernos", haciendo gala de un criterio apreciativo muy ecuánime, cerró su exposición con estas palabras que hago mías:

"Ojalá salga de entre ellos el gran historiador esperado, que sepa buscar en los corazones el secreto de los acontecimientos, como quería el precepto clásico. Pero también que tenga pasión por la verdad y genio para imponerla".

Tal el secreto de la revisión histórica. Porque, digámoslo con palabras de David Peña:

"Verdad es justicia y es permanente la ansiedad que el mundo moral tiene para su perfeccionamiento de justicia y verdad".

 

Notas:

(1) Conferencia dictada por VICTOR SAA en el Archivo Histórico de la Provincia de San Luis (en el ex Templo de Santo Domingo). No hemos podido precisar la fecha de la misma, que se publicó en el Suplemento de "Comunicaciones", Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, año I, nro. 1 (15/12/1954).

 

En este número:

Portada del Nro. 12
por  El Escarmiento
Con K de Kitsch, con K de Kolabó
por Domingo Arcomano
La judicialización de la gestión pública
por Santiago Mallorca
Pegándole una Pigna a la historia (3ra. parte)
por Alfredo Mason
Miriam Goldstein: "Jóvenes de película - La problemática juvenil en el cine argentino (1995-2001)"
por Domingo Arcomano
Alfredo Mason: "Sindicalismo y Dictadura-Una historia poco contada (1976-1983)"
por Román Correa
Joaquín Edwards Bello. Un nacionalismo artístico sudamericano
por Claudio Ferré Real
Del revisionismo histórico
por Víctor Saá
En la era del cartoneo de la historia...
por  El Escarmiento
Propietario: "El Escarmiento S. R. L."
Director: Domingo Arcomano
Jefe de Redacción: José Luis Muñoz Azpiri (h)


Todos los derechos reservados ® El Escarmiento SRL
  elescarmiento@elescarmiento.com.ar