"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año II, Volumen Nro. 12 - Diciembre/Enero de 2008  

JOAQUIN EDWARDS BELLO. Un nacionalismo artístico sudamericano

Introducción y selección de Claudio Ferré Real (Uruguay)

 

Introducción

El escritor chileno Joaquín Edwards Bello (1887 - 1968), es una figura representativa de ese patriciado que libró su última batalla por las primeras décadas del siglo XX. Núcleo de la clase "alta" que había protagonizado la independencia, sus principios y sus arrestos fueron asordados por los otros sectores, finalmente sometidos sin muchas dudas al imperialismo inglés primero y norteamericano después. Cuando ascendieron estos sectores al impulso de una economía dependiente y la población se multiplicó por contagio de la inmigración, el viejo patriciado, herido de muerte, despertó -desde un ángulo aristocrático- a una conciencia nacional y continental cuyos planteos, en lo esencial, permanecen convocándonos.

Formado en la escuela naturalista de Zola, influido también por Eca de Queiroz, Balzac, Blasco Ibáñez y Pío Baroja, Edwards Bello integró en su estilo lo fantástico y lo terrible de Xavier de Montepin y Conan Doyle (1). Sus primeras obras, El inútil (1910) y El monstruo (1912) reflejan un realismo crudo y abundaron en propaganda moralizante, tendencias que se afinan sin perder contenido hasta desembocar en su novela más exitosa, El roto (1920). Con este libro logró el objetivo de su prédica: despertar inquietudes en su país sobre la suerte de las clases populares (2). "Procede de otro mundo y baja allí, al drama, con esa actitud personal del cronista", ha dicho un estudioso de su obra (3); en esto refleja su modo aristocrático y paternalista, que es también rasgo de su estilo. Edwards Bello escribía en Madrid, 1917: "Hay que nivelar esas sociedades americanas para hacer de la arisca masa popular un factor de cultura. Es preciso que los humildes no parezcan de una raza aparte, destinada a la servidumbre; acomodar al bajo pueblo a la vida moderna, por medio de una educaci6n enérgica, venciendo su esquivez natural".

Viajero incansable y acaudalado entre Europa y Chile, fue también periodista (más bien "croniqueur") y de sus numerosos artículos reunidos en libro destaca El nacionalismo continental -Madrid,1925- (2da. Ed. Ampliada en las "Obras Completas...", Santiago, Ed. Ercilla,1935). En esta obra, Edwards Bello, simpatizante del aprismo, ofrece una propuesta artística que complete el programa político de ese movimiento, un nacionalismo artístico sudamericano, con el mérito mayor de que se trata de una propuesta abierta (aunque sobre claras bases nacionales), despejada de las preferencias literarias del autor.

De ese libro he seleccionado seis grupos temáticos en los que, creo, se expresa tanto su concepción artística como su culto de la hispanidad y su postura política "continentalista".

 

Selección

1. Un patricio sudamericano (4).
"Nunca he aspirado a ser patriota de banquete, excesivo patriota sospechoso al igual de los gestores de minas extranjeras; ni aspiro a ser patriota novísimo chileno, como esos judíos alemanes que traen su balanza y su letrero: 'Se compra oro'. Tengo derecho a ser patriota al revés de ellos, buscando la salud de esta patria, que llevo dentro de la sangre en cien cruces, la patria continental. Por un lado entronco en Rosas, la misma familia del tirano; por otro en los Pinto, que fue ayudante de Campo de Belgrano; por otro Edwards, y el todo lo cierra Bello. Como cualquier plebeyo que se llame Soto, Zúñiga, Albornoz o Ponce, yo desciendo de Alonso de Reinoso, antepasado de los Rosas. Mantengo el derecho de expresarme del continente en otra forma que el hombre de aluvión, que el aventurero de la última hornada, aspirante a ser criollo y cuyo deber por eso mismo consiste en respetar otros fenómenos nacionales que no sean la. compra de oro chileno y la venta de abalorios europeos". (pp. 127-128)

2. El mal paso de la independencia.
"De las hazañas de Bolívar o de Carrera no quedó otra cosa que la destrucción y el desorden. Comprendo, de más está decirlo, que para un niño, para un estudiante o para un historiador patriotero, Bolívar será superior a Bello. Para aquellos que quieran darse el trabajo de meditar un poco, no, de ninguna manera. Bello, algo descartado en la época de la independencia, es siempre continental. Previó; tenía más talento, a la larga, que Bolívar, y, sin trazar epístolas fulgurantes cimentó la unión en obras", (pp 58-59)
"Bolívar y Carrera son rebeldes españoles del tipo de Viriato en la antigüedad, o de "El empecinado" en la historia moderna. A causa del tumulto de la cabalgata bolivariana en la guerra de exterminio, 'sin prisioneros', el héroe criollo de la espada, no tuvo tiempo para detenerse a meditar en los triunfos definitivos que hubiera conseguido en caso de ensamblarse con el héroe criollo de las letras: Bello. Por cuanto, si no van juntas las armas y las letras, serán tan estériles los resultados de las unas, como de las otras", (p. 59)
"El ideal de libertad fue para esos jóvenes caudillos (de la independencia) una necesidad, una moda y un deber también; sin embargo, en el impulsivismo de ese afán liberatorio, el tablero americano se rompió, la unidad se perdió, junto con la grandeza edénica del paisaje, dividido de ahí en adelante por barreras, y rivalidades, formándose las regiones geográficas que más tarde serían países enemigos, lo cual nunca ocurrió bajo la unidad castellana", (p. 65)-
"La decadencia del patriotismo es otra prueba de que el movimiento de emancipación fue incapaz de crear algo tan digno de ser amado como fue la América española, una e indivisa: una lengua, una moneda fija, una sola inspiración", (p. 67).
"Resurrección y conservación del tipo colonial, fuste y piedra angular de nuestra existencia, se imponen", (p. 179).

3. La rapacidad imperialista.
"El ferrocarril transandino, el más caro del mundo, es inglés. Al subir a un tranvía, al hablar por teléfono, al tomar el desayuno, al comprar en una tienda y al dar la luz, el chileno contribuye a la vida admirable de un capitalista inglés que toma su te o juega su polo en las Islas Británicas; contribuye a pagar el turismo de un yanqui o la vida agradable de un francés", (p. 46).
"Si el periodismo, único poder que impresiona al público, no interviniera constantemente y hasta con sacrificio, los vampirescos Judas de la patria habrían realizado ya el traslado a Inglaterra y Estados Unidos, de cuantos negocios fructíferos existen. La instalación en nuestra América, de Bancos extranjeros, o la fusión de los nacionales con extranjeros, es otro vasto escándalo que contribuye a restarnos soberanía.
"Si esta es fiel pintura de la situación en Chile, ¿qué diremos de Perú, Bolivia, Ecuador y otros países de conciencia más amodorrada?" (p. 47).
"Ausentes del ideal unionista, las Repúblicas dispersas, orgullosas de libertades ficticias, son menos que Egipto y Australia, por la sujeción invencible al organismo centrípeto del Norte.
"Explicar este imperialismo nos parece la única manera de combatirlo, por ahora. El que Estados Unidos domine en el Mar Caribe y en el Canal, nos parece natural. Estamos explicando leyes naturales. Que los norteamericanos, mediante su dinero y espíritu de empresa, quieran hacer buenos negocios en países a media evolución, nos parece tan claro como que los chilenos hagamos buenos negocios en Bolivia o el Neuquén. Intentamos dar las razones de nuestra inferioridad por la falta de cohesión y la carencia de leyes grandes y unísonas. Según nuestro entender, en los países pequeños todo tiende a ser pequeño en proporción y viceversa", (p. 36).
"El Sur consiste en diez y ocho Repúblicas, divididas por postes fronterizos, aduanas y murallas chinas de prejuicios. Superiores en riqueza, iguales casi en población a Estados Unidos, son la mano de obra del mundo. Con cien años de vida independiente, neutrales en la guerra, continúan mendigando empréstitos y esperando que la civilización vaya a buscarlas" (5), (p.44).
"Roma compró a Grecia y devoró a los bárbaros; el norteamericanos, prognato, compra a Europa y devora la América bárbara",

4. Sólo las naciones grandes hacen obras grandes.
"...es muy importante la grandeza de los países, el vasto conglomerado de humanidad, para que se produzca la obra grande. Las naciones diminutas tienden a producir cosas diminutas, en proporción. Por eso pensamos que el desmembramiento de América, de la República de Bolívar en Repúblicas débiles, ha sido a la vez un golpe asestado a nuestras fuerzas individuales",
"Bolívar es célebre por cuanto tuvo una tarea excepcional y un escenario grandioso para demostrar su genio. Nació en el mayor momento de nuestra América; después el escenario se dividió en pistas sin importancia, perdiendo el Continente su grandeza. Nuestra América fue interesante cuando representó un valor histórico universal, esto fue durante la Conquista, la Colonia y la Independencia, épocas de trascendental importancia. Todo se ha diluido con la separación en Republiquillas, sin influencia en el concierto universal, sin importancia decisiva, en un opaco rol de consumidores y mano de obra, ideal e industrialmente a remolque de la civilizaci6n. El rumor solemne de la historia se ha apagado; representamos notas dispersas, sin orden, en la armonía infinita del género humano", (p. 29).
"En los grandes organismos nacionales triunfan los mejores, por que las masas fuertes son perspicaces y justicieras; en las naciones enclenques triunfan los maltrechos, los débiles y los mezquinos. Creemos que la grandeza de una nación influye en el temperamento de ciertas empresas que encarnan a su vez en individuos, pero no creemos en la superioridad intrínseca de los individuos. Es preciso ser demasiado ingenuos para creer así", (p. 34).
"Solamente nuestros políticos profesionales, en las relaciones de pueblo a pueblo, son quienes ahondan las distancias artificiales o naturales que separan a los territorios de una y otra república. En cambio, la opinión europea, la norteamericana, o de cualquiera otra región del globo, nos ha considerado siempre y muy cuerdamente como un todo, llamándonos en conjunto Amerique Latin o Latin America", (p. 54-55).

5. Programa de unión sudamericana
" Si a caso, por un milagro, consiguiéramos hacer los Estados Unidos de Sudamérica .." (p. 71)
"Disciplina, sumisión a las autoridades y a los hombres superiores, son las cualidades del Norte, en mucha parte gracias al testamento de Washington, cumplido a sangre y fuego por Lincoln. Nuestra América no cumplió el de Bolívar, que debiera ser hasta ahora el único programa noble y serio de los estadistas", (p .42).
"El continentalismo, tal como lo veo, es, junto con el progreso industrial, un neoimperialismo; la unión aduanera y monetaria de la parte austral americana, que hemos venido propiciando desde 1920, contiene la fórmula mágica para atraer a nuestro radio de acción a aquellas provincias vinculadas a Chile en la época colonial, a saber: Tucumán, San Juan, San Luis, Mendoza y el territorio de Neuquén. Con la diferencia de que éste neoimperialismo es fraternal y daría tantos frutos a la Argentina como a Chile, por cuanto nuestro progreso sería entonces tan rápido como el de aquella: provincias, actualmente asfixiadas", (pp. 76-77).
"Cuando el Continente iberoamericano, o indomediterráneo, sea un país solo, cuando hayamos imitado a los yanquis la unión, que es su mayor virtud nacional, entonces valdremos bastante más que ellos, a causa de la santidad de nuestras raíces, a causa del espiritualismo hispano", (pp. 130-131).

6. Nacionalismo artístico sudamericano.
"¡América es una cuestión de redacción! Solamente de la claridad y la fuerza de las letras saldrá su salud futura", (p.60).
"Nuestra América ha tenido invariablemente la actitud de sometimiento ciego y servil a todo lo europeo. Esperamos los artículos manufacturados, las leyes, las modas, las gentes, con interés patológico. En esta condición de espejo hemos vivido, perdiendo la personalidad y la iniciativa. Por la manía de hacer todo como en Europa, nos ha pasado lo que a esos niñitos acostumbrados a ir de la mano, y que, en cuanto quedan solos, se atolondra y tropiezan",
"Se puede pedir materiales extraños, con la condición de saber fundirlos en las ánforas matrices, a la manera de nuestro Darío, que, a pesar de su afrancesamiento, mostró una lujuriosa luminiscencia, un aroma e vergeles inconfundiblemente de América.
"El nacionalismo artístico disipará la calígine como un telón que se levanta", (p. 31).

 

Notas:

(1) Arturo Torres Rioseco: Joaquín Edwards Bello, Concepción (Chile), 2d.Atenea, 1940.

(2) Edna Coll: Chile y los chilenos en las novelas de Joaquín Edwards Bello, La Habana, Ed. Lex, 1947.

(3) Domingo Amunátegui: Las letras chilenas Santiago de Chile, Ed. Nascimento, 1934.

(4) Todos los textos han sido extraídos de: Joaquín Edwards Bello, El nacionalismo continental, Santiago de Chile, Ed. Ercilla 1935.

(5) Escrito en 1924.

En este número:

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