"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año II, Volumen Especial Nro. 10 - Septiembre/Octubre de 2008  

Sin tablero de control

por Santiago Mallorca

 

Mucho se ha escrito en el mundo de los negocios sobre la necesidad de implementar en las empresas el llamado “tablero de control”, un diseño organizacional basado en un reparto de objetivos periódicos, permanentemente auditados, que permite alcanzar una mayor eficiencia y eficacia en la ejecución de actividades de una gestión dada. Se dijo que a través de este “tablero”, se pueden visualizar los distintos “botones” que deben oprimirse para dar solución a cualquier problema en una empresa.

Esta manera de monitorear la aplicación de un plan estratégico de comando también llegó a la Administración Pública, originando toda una serie de iniciativas al respecto.

Sin embargo, evidentemente, alguien se olvidó de utilizar el “tablero de control” en la reciente crisis financiera mundial o, aún cuando se utilizó, no logró el resultado pretendido.

Quizás, las economías centrales, esas que protagonizan y dirigen LA ECONOMIA MUNDIAL, dejaron de poseer un verdadero tablero de control. Antes bien, parece que las decisiones fundamentales de los últimos tiempos fueron el producto de la astucia encarada por los ejecutivos para incrementar sus ganancias mediante el ofrecimiento de alternativas de inversión atractivas para todos, actores públicos y privados.

Ahora, con el reciente crack, se pone de manifiesto que tales alternativas tampoco eran el producto de “sofisticadas” ingenierías en la materia. Es mas, cuando leemos que un ex gobernador del Banco de Inglaterra como Mervyn King postuló una llamada “teoría de Maradona”, basada en el gol que dicho jugador le efectuó al seleccionado británico en el Mundial de 1986, se comienzan a comprender ciertas cosas.

 

Los reyes son los padres

No cabe duda que la situación actual ofrece inmejorables perspectivas para todos aquellos que, por los anacrónicos senderos de derecha e izquierda, vienen predicando el inminente colapso del capitalismo en general y del imperio norteamericano en particular.

Empero, en cuanto a lo primero, no parecen verificarse condiciones sustanciales que ameriten una conclusión irreversible. La estatización, parcial o total, de los principales bancos a nivel mundial no puede tomarse como una señal de esta posibilidad. A diferencia del comunismo, el capitalismo puede adoptar medidas más o menos liberales, según las circunstancias, sin que ello signifique un abandono o una transformación del sistema en sí mismo.

Respecto a lo segundo, tampoco tenemos noticias alentadoras. Vale la pena recordar el caso del imperio español, al cual Felipe II (entre otros) hizo quebrar varias veces. Si bien la corona entró en un lento declive, no es que sucumbió por las desventuras financieras de sus conductores sino, más bien, por la posterior aparición de otros imperios a los que no pudo derrotar militar y políticamente en toda su extensión (ingleses, franceses y norteamericanos).

Estados Unidos, en este caso, cuenta con recursos económicos y bélicos poderosísimos. De hecho, mientras su sociedad civil se encuentra envuelta en el marasmo bancario, su sociedad militar mantiene dos frentes formales de batalla en el exterior (Irak, Afganistán) más toda una gama de sistemas defensivos operando a través de la dilatada geografía terrestre y espacial.

El problema norteamericano consiste hoy en la falta de confianza, esa sensación de seguridad que ha quedado mellada y que los gurues financieros no pueden terminar de restaurar. Ese sentido de desamparo ante el fracaso de quien debía oprimir el botón correcto del tablero correcto en el momento correcto y no lo hizo.

Porque, es obvio decirlo (pero hay que decirlo), aquí hay responsables. Los grandes ejecutivos privados, imputados de este desajuste sin par que los llevó a percibir formidables ganancias por sus servicios; y los grandes ejecutivos públicos que mostraron su indiferencia ante el desarrollo de la “globología” económica.

 

Argentina: entre la burbuja que se “derrumba” y la estructura que “explota”

En nuestro país, las noticias de la crisis financiera mundial se recibieron con el mismo espíritu futbolero que el gobernador del Banco de Inglaterra tuvo para explicar su tesis de gestión lineal. Un gesto irónico que, a caballo de la cesación de pagos y el desorden institucional de los años 2001-2002, parece decir: “ahora les tocó a ustedes”, ignorando que las causas de ambos escenarios son radicalmente diferentes (con perdón de la expresión).

A este argentinismo prematuro le siguió la desazón. Por el desajuste, también disminuyeron los precios de los principales productos primarios que nuestro país exporta. En conclusión: la dicha no es eterna pero, ideológicamente, “seguimos ganando”. Falta que pidan que venga el principito, como en 1982.

Más allá de las dificultades verbales padecidas en el discurso oficial y la reiteración de frases rimbombantes arrimadas por la oposición, lo cierto es que nadie tiene una pálida noción de los efectos ciertos que causará la crisis en nuestro país.

Sobran los argumentos para fundamentar la posible retracción al consumo y la limitación (aún más) del crédito. Pero, ¿Qué pasará con los superavits “gemelos”? ¿Qué sucederá con las pujas sectoriales que las distintas corporaciones (empresaria, sindical, política) vienen sosteniendo desde hace 5 años en un esquema de relativa facilidad?

La respuesta no es unívoca ya que, desde hace mucho tiempo, Argentina decidió no tener tablero de control. Lo que existe son remedos, imitaciones de mecanismos de asignación de responsabilidades y de exigencia de resultados por esas responsabilidades. Ni hablar de soberanía política interna para exigir al capital el cumplimiento de algunas condiciones (como ejemplo extremo, adviértanse las habilidades de un gobierno como el de Putin, quien exigió a sus magnates que depositaran en el país un porcentaje de los fondos que tenían en el exterior, para capear la crisis que sufría la Santa Madre Rusia, bajo apercibimiento de tomar represalias en caso de negativa -y es un hombre de palabra-).

En definitiva, la élite local sigue apostando a la viveza criolla, a la ventajita que se puede obtener en los nuevos tiempos, sin decidir todavía como se construye el destino de esta Nación para los próximos años, más allá de los espectáculos que se realicen con motivo del bicentenario.

Pero bueno, los argentinos no tocamos los botones del tablero de control. En todo caso, que le pregunten a Bush y, si es tarde, a los dos seudoemperadores de Oriente y Occidente que tiene; quienes como hermanos, tuvieron que salir a apoyarlo en esa votación catastrófica que tuvo el paquete de ayuda.

Que le pregunten a ellos: a Obama y Mc Cain.

En este número:

Portada del Nro. 10
por  El Escarmiento
...Y estos no convencen a nadie
por Domingo Arcomano
El tema del indio en Argentina
por  El Escarmiento
Sin tablero de control
por Santiago Mallorca
Pegándole una Pigna a la historia
por Alfredo Mason
De errores y horrores: Rodó y Rubén Darío
por Diego N. González Gadea
El peso del pasado es el peso de los muertos
por Domingo Arcomano
Cine argentino: el monólogo de un idiota
por Abel Posadas
"Operación Traviata" de Ceferino Reato
por Domingo Arcomano
La protección del aborigen en el 2° Plan Quinquenal
por Carlos Ernesto Abregú Virreira
Contratapa
por  El Escarmiento
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Director: Domingo Arcomano
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