"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año II, Volumen 9 - Agosto de 2008  

Hasta los Griegos están en contra

Hybris y Némesis: apuntes helénicos para una encrucijada K


por Verónica Bermúdez Reinhardt

 

"Aquel a quien los dioses quieren destruir,
primero lo vuelven loco."

Eurípides

Se han intentado múltiples interpretaciones sobre las causas ideológicas, económicas e incluso psiquiátricas de la devastadora pérdida de poder del matrimonio gobernante en un tiempo record, que, medido desde el inicio del conflicto, hasta la infausta noche del tauromáquico Cleto, apenas supera los tres meses.

Como tributo a quienes, según Vidal Naquet, hace ya más de dos milenios inventaron la política, nos parece oportuno retomar algunas fuentes de la mitología y la tragedia griega en el análisis de estos recientes sucesos, para observar que nada ha cambiado demasiado.

En la cosmología griega, la vida humana estaba regida por las Moirae (nombre que significa parte o lote), mejor conocidas como Parcas en su equivalente romano, míticas ancianas de desagradable aspecto cuya misión era tejer el hilo de la vida y asignar a cada hombre la porción de fortuna o de desventura que le correspondería como destino. Así, Kloto iniciaba el hilado, Lakhesis medía el hilo, es decir, la duración de la vida y la terrorífica Atropos lo cortaba, produciendo la muerte.

Pero el hombre es, por naturaleza, envidioso de los poderes y de la eternidad del Olimpo y reivindica para sí la esencia de los Dioses. Allí aparece lo que los griegos llaman Hybris, figura propia del humano que representa el exceso y la violencia, la falta de mesura, generalmente en el acceso a los bienes y placeres materiales, la pretensión del mortal de exceder o superar aquella parte o porción estipulada por el Destino. En política, su formulación designa al déspota, tirano y opresor de los débiles, el que ha confiscado la ciudad para su provecho.

Esta arrogancia imperdonable no puede pasar inadvertida, sino que encuentra su merecido castigo en Némesis, la Diosa de la Venganza, encargada de equilibrar el platillo de la balanza aplicando los principios de la justicia retributiva, otorgando mayores dones al desdichado y privando al venturoso de goces no merecidos.

Pero antes, una previa humillación de los Dioses al género de los mortales: no le alcanza a la perversa Némesis simplemente con aplicar una pena a tamaño desafío, sino que encuentra su mayor goce en la degradación de la víctima, en el instante que precede a la expiación, al hacerla tomar conciencia de que el final resulta inexorable.

Podemos preguntarnos cuándo cayó en Hybris el poder oficial. ¿Habrá excedido su parte asignada por el Destino cuando después de la pesca, el juego, el petróleo, el agua, la electricidad, el transporte en todas sus formas, fijó su atención en la producción agropecuaria? Sólo el Olimpo lo sabe.

Pero hay algo que los responsables del Gobierno siguen haciendo bien, aunque a todos sorprenda, aunque escape a la comprensión de quienes se creen lúcidos y mentalmente equilibrados. Hacen bien al mantener, contra viento y marea, esa férrea negativa de la realidad, el empecinamiento en lo que prácticamente todos los demás denominan error o fatal intransigencia.

Hacen bien y no sólo lo saben ellos, sino que lo sabemos todos. Porque el reconocimiento de la Verdad, no es ni más ni menos que el preludio, el minuto previo, al castigo del final. Fingen quienes se dicen "coherentes", al expresar que una rectificación K -o gesto magnánimo como llaman los aduladores- traería alivio a los gobernados, les permitiría respirar, aflojaría las tensiones, permitiría modificar las cosas a un estadio de alegría y prosperidad y el acceso a un futuro dorado, con cuántos más bienes y fortuna podamos imaginar.

Todos sabemos que estas promesas de quienes se presentan como sabios y racionales son falsas. Porque en la cosmología griega, al contrario de la fe cristiana, nada detiene al castigo. Carece del alivio de la redención o el gesto espléndido del perdón. Y antes que todos nosotros, son ellos quienes primero lo saben.

Por eso, en tanto han perdido el gobierno de los hechos, y antes que una supuesta lucidez los conduzca al final irremediable, se refugian en el único reinado que les queda: el de las palabras. Como dice el ingenio popular, el papel sigue aguantando todo. De este modo, construyen con el verbo, con la alusión al "modelo de distribución", la "profundización del cambio" y cuanta frase fútil les escuchamos repetir, lo que ya no puede formularse ni en la construcción política ni en el paradigma de una economía sustentable.

El Olimpo, no obstante, es un rival desigual y siempre tiene resquicios por donde socava la perseverancia del voluntarioso y desafiante Prometeo. Sus maneras son excéntricas e inesperadas, dan por donde más duelen.

Todos esperan un contendiente político, gremial o con poder económico que defina la encrucijada. Quizás, la burla sea mayor, y el adversario se manifieste con la módica usurpación del Reino de la Palabra.

 

En este número:

Portada del Nro. 9
por  El Escarmiento
El "pensamiento Petete"
por Domingo Arcomano
Una sociedad devenida asesina
por Abel Posadas
El mal que aqueja a la Nación es la extensión... de las nuevas zonceras progresistas
por Diego Gutiérrez Walker
Hasta los Griegos están en contra
por Verónica Bermúdez Reinhardt
El juicio del mono (apuntes sobre el fundamentalismo religioso norteamericano)
por José Luis Muñoz Azpiri (h)
Una reflexión a propósito de una matanza
por Román Correa
Pintura argentina, pintura para los argentinos y pintura peronista
por Catalina Corripi
Los dioses ajenos
por Abel Posadas
Ernesto Sábato
por Domingo Arcomano
Relato del escritor Ernesto Sábato enviado a los diarios sobre su retiro de Mundo Argentino
por  El Escarmiento
Carta Abierta de Ernesto Sábato al Presidente de la República, Pedro Eugenio Aramburu
por  El Escarmiento
Contratapa
por  El Escarmiento
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