"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año II, Volumen 9 - Agosto de 2008  

Una reflexión a propósito de una matanza

por Román Correa

 

"De esto nace que todos los profetas armados
hayan triunfado, y fracasado todos los inermes"

Nicolás Maquiavelo, "El Príncipe", Libro VI.-


La existencia de curas en guerra no es algo nuevo en la historia del llamado Occidente: en Europa, desde las matanzas intersectarias de comienzos del cristianismo, a los profesionales armados por la fe (los cruzados), la rebelión hussita, las guerras campesinas en la Alemania de Lutero, etc... En América, los "pacíficos" curas que acompañaron a Cortés, Pizarro, Lope de Aguirre..., y a Hidalgo y a Morelos en las guerras de independencia, sin contar a los místicos que amasaban en su prédica orientaciones cristianas con fábulas medievales como el caso de Antonio Conselheiro (Brasil, fines del s XIX). O Camilo Torres (Colombia, m. en 1966) caso emblemático de cura alzado en el siglo pasado.

Mientras hoy la "teología de la liberación" cayó en desuso y sus miembros y adherentes practican un silencio "filosófico" (Leonardo Boff, Ernesto Cardenal, entre tantos), Joseph Ratzinger devino Papa -el mismo que los llamaba al orden en los '70, y en los '80 desde su cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe-. La iglesia, como el pulpo, había cortado su tentáculo atrapado en el compromiso "secular"... para seguir con el compromiso "secular" de la política Vaticana.

Lo que parecía un escándalo en los 70 y 80 (curas guerrilleros, que además resultaban muertos) solo abrevaba en la ignorancia de la historia eclesiástica y el papel que siempre guardó la cúpula de Roma con sus disidentes a lo largo de casi 2000 años. De ahí que los cuestionamientos "éticos" en este plano resultan por lo menos, ingenuos.

La presencia del cura en "política" es incómoda. Sea como sustento del poder dominante o porque pretende establecer otro poder dominante -volviéndose por esto, también "incómodo"- en ambos casos la promesa es la misma: el paraíso, el fin de los tiempos; en el cielo unos y en la tierra los demás. Por otro lado, en los paraísos terrestres ¿En que se diferencian el paraíso comunista y el paraíso del fin de la historia manifiestamente religioso ("aggiornado" ad usum Imperii por Francis Fukuyama?) Sus similitudes radican en malos resultados y muchas promesas. Mientras tanto...

El encuentro entre Apocalipsis, escatología y secularización por un lado (1) (manteniendo en algunos casos sus contenidos utópicos) y "realidades concretas" (guerra fría, revolución cubana, "guevarismo", particularidades nacionales) por otro, presidido todo por los movimientos internos de la Iglesia Católica, aportan elementos para entender el proceso de los curas revolucionarios en el s. XX.

No es menos cierto que en ese siglo, al paquidermo eclesiástico se le terminó de perder el respeto, desde la Rusia Soviética hasta la china maoísta, pasando por la España republicana (y no lo salvó el largo interregno de Franco). El reconocimiento a muchos de sus fieles de las prácticas reservadas a los "primitivos" (catolicismo "popular") o su captura por supersticiones africanas, norteamericanas o las variantes aberretadas de las"religiones" orientales son un síntoma irreversible. Pasaron de ser una fuerza hegemónica en lo ideológico a una fuerza -aunque nada despreciable todavía- a la defensiva y en retirada. El "cierre" de los canales mundanos con caminos que no llevaban a ninguna parte, los senderos obturados que los ahogaban, llevaron a los sectores de las clases medias vinculados a la Iglesia Católica a la "coexistencia" primero y a la "cohabitación" después con distintas expresiones y organización que se reivindicaban más o menos marxistas. En este contexto debe insertarse a los curas "revolucionarios" para intentar comprender algo.

La matanza de los palotinos guarda una semejanza cercana con la de los jesuitas en El Salvador -de los cuales el más conocido era el español Ignacio Ellacuría- en noviembre de 1989, asesinados por soldados salvadoreños (2). Esto se repetía en el continente doce años después de aquellas muertes en Argentina y en forma contemporánea a las masacres de curas en el Perú por parte de Sendero Luminoso, durante los gobiernos de Alan García y del japonés Fujimori. Estamos hablando de curas de la "teología de la liberación" y/o del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, y de aún de quienes llevaban su ministerio de la forma que mejor podían y cuya "opción por los pobres" (sin abandonar la Iglesia) no implicaba necesariamente la lucha armada, pero quedaban alineados con las organizaciones que sí la llevaban adelante. El carácter "desarmado" transformó sus penas en un sacrificio inútil, arrastrados por una dinámica de los hechos que, determinada por la supresión de vidas, no toleraba mediaciones

En un reportaje en la televisión de España le preguntaron a Ellacuría si era marxista, a lo que respondió, "no, yo soy zubiriano". La respuesta de Ellacuría dice más del talante de muchos teólogos de la liberación, o curas identificados con esa corriente que del pasmo del iletrado hablador televisivo. Coexistían en los sacerdotes, como dos caras de la misma moneda, cierta sensación de inmunidad ante la historia y la voluntad de martirio como acción de contenido suprahistórico.

El caso más patético -por lo emblemático- en nuestro País fue el asesinato del cura Carlos Mugica. Justificador de la violencia de "abajo" nunca tomó las armas. Preguntado si puesto en la disyuntiva de elegir entre el peronismo y la Iglesia, manifestó: "la Iglesia". Colaborador de López Rega en el Ministerio de Bienestar Social, luego de su renuncia sus ex-"compañeros" lo marcaron, y a tantos otros, como a una cabra para morir en la revista montonera "Militancia" (ver foto). Finalmente, murió asesinado. Todo apunta a su viejo empleador (López Rega) pero la sospecha también recae sobre la organización guerrillera. Un caso que tiene inquietante similitud con la muerte de otro salvadoreño, Roque Dalton, ejecutado por sus compañeros del Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP), bajo la acusación de ser agente de la CIA. En tiempos de guerra, de bandas en los bandos, el dios de las contradicciones se alimenta solo con sangre.

Este "ritornello" trágico no solo desbarata la proposición de Marx en relación a la calidad de la "repetición" en la Historia, sino que nos enseña que la Historia no enseña nada.

 

Notas:

(1) El primero de advertir esto en el s. XX y desentrañar sus claves fue el (no muy ortodoxo) católico nacional-socialista Carl Schmitt y, con su influencia, desarrollado en sentido escatológico por un (no muy ortodoxo) judío marxista: Walter Benjamín.
(2) Junto con los jesuitas Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López y Elba Julia Ramos y su hija, Celina, de 15 años.

En este número:

Portada del Nro. 9
por  El Escarmiento
El "pensamiento Petete"
por Domingo Arcomano
Una sociedad devenida asesina
por Abel Posadas
El mal que aqueja a la Nación es la extensión... de las nuevas zonceras progresistas
por Diego Gutiérrez Walker
Hasta los Griegos están en contra
por Verónica Bermúdez Reinhardt
El juicio del mono (apuntes sobre el fundamentalismo religioso norteamericano)
por José Luis Muñoz Azpiri (h)
Una reflexión a propósito de una matanza
por Román Correa
Pintura argentina, pintura para los argentinos y pintura peronista
por Catalina Corripi
Los dioses ajenos
por Abel Posadas
Ernesto Sábato
por Domingo Arcomano
Relato del escritor Ernesto Sábato enviado a los diarios sobre su retiro de Mundo Argentino
por  El Escarmiento
Carta Abierta de Ernesto Sábato al Presidente de la República, Pedro Eugenio Aramburu
por  El Escarmiento
Contratapa
por  El Escarmiento
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