"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

Editor:
Domingo Arcomano 


Secciones

[Portada]
[Editorial]
[Política]
[Economía]
[Internacional]
[Cultura]
[Medios]
[Recepción]
[Entrevistas]
[Memoriables]
[Contratapa]
Anteriores

N°1 - Jul/04
N°2 - Ago/04
N°3 - Set/04
N°4/5 - Nov/04
N°6 - May/08
N°7 - Jun/08
N°8 - Jul/08
N°9 - Ago/08
N°10 - Set-Oct/08
N°11 - Nov/08
N°12 - Dic-Ene/09
N°13 - Jun/09
N°14 - Dic/09
N°15 - Mar/10
N°16 - Dic/10
N°17 - Jul/11
N°18 - Ene-Mar/12
N°19 - Junio/12
N°20 - Oct/13
Descargar Números Impresos
Newsletter
Agregar en Google
Agregar a Mi Yahoo!
Agregar a Mi MSN
Año II, Volumen 9 - Agosto de 2008  

Los dioses ajenos*

por Abel Posadas

 

4 de julio: La masacre de San Patricio

No vamos a agregar nada nuevo si insistimos con lo siguiente: dentro del cine argentino que se conoce en los últimos años el documental corre con amplia ventaja. Frente a películas de ficción que parecieran tratar sobre nada, el documental se planta de manera polémica en un amplio espectro que intenta poner sobre el tapete hechos de la historia argentina de todos los tiempos.

En este caso, 4 de julio - La masacre de San Patricio se ofrece al espectador como un fuerte golpe contra la jerarquía eclesiástica en Argentina, aunque no sobre la Iglesia Católica en su totalidad.

No sabemos pero imaginamos qué piensan Juan Pablo Young y Pablo Zubizarreta, los realizadores, sobre el actual Sumo Pontífice, que pareciera salido de un bunker nazi. Si bien no es éste el tema del documental, la pregunta es pertinente: ¿cuántas iglesias católicas existen y cuáles son sus dioses? En la madrugada del 4 de julio de 1977 los sacerdotes Alfredo Leaden, Pedro Dufau y Alfredo Kelly, más los seminaristas Emilio Barletti y Salvador Barbeito fueron asesinados en San Patricio, parroquia ubicada en el barrio de Belgrano.

Los medios, siempre obsecuentes, ofrecieron la versión oficial: habían sido asesinados por subversivos extremistas. Tal vez tuvieran razón pero por una cuestión de semántica, no eran los subversivos extremistas a los que ellos apuntaban. Sólo el Buenos Aires Herald y The Southern Cross intentaron otra versión aunque fueron muy pronto acallados. Si es que el Herald reveló, en la medida de sus posibilidades, qué había ocurrido, existían razones de índole diversa para ello. Es sabido que la congregación palotina, a la que pertenecían las víctimas, estaba compuesta por las ramas irlandesa y alemana de la iglesia.

La contradicción del Herald era más que evidente: escribimos en algún momento de 1977 una nota dirigida al correo de lectores preguntando cómo ese diario se las ingeniaba para aplaudir a Martínez de Hoz mientras proseguían los asesinatos. Firmamos con seudónimo. Publicaron la esquela pero al día siguiente hubo una aclaración: a partir de entonces todo aquel que se dirigiera al correo de lectores debía firmar con nombre y apellido más su número y tipo de documento. Caía también así bajo el terrorismo de Estado.

Robert Cox, el director del diario, tuvo que abandonar el país en 1979.

 

Lugar común, la muerte

En la Pascua de 1977 el ejército se había llevado a Susana Marco, quien colaborara con nosotros en la Teoría del Género Chico. Susana trabajaba con los palotinos de San Patricio en villas de emergencia y pertenecía a montoneros. El documental no muestra, no está interesado en hacerlo, cuál era la vinculación de esa parroquia con la agrupación mencionada. Lo que le importa es poner de relieve el apoyo de la jerarquía eclesiástica al golpe de Estado y a la matanza generalizada.

Nada hay de nuevo en esto: había ocurrido en Brasil, Uruguay y Chile y ¿por qué no iba a darse también en Argentina? El asesinato del padre Carlos Mujica, en mayo de 1974, fue el preludio de lo que ocurriría con todos aquellos que adherían a la denominada Teología de la Liberación. Para los militares no existían diferencias y quienes estuvieran a favor de un cambio de sistema debían ser borrados del mapa, no importa a qué agrupación pertenecieran. Se hablaba someramente de marxismo o de comunismo para rusticar el exterminio.

Los anteriores, los que habíamos presenciado en nuestra infancia el comportamiento de la jerarquía eclesiástica en 1955 -aplaudieron y condecoraron a quienes habían bombardeado Plaza de Mayo- y en 1966 -ahí estaba Onganía cayendo de rodillas y ofreciendo el país a la Virgen de Luján- no había nada nuevo. El dilema -algo que se ofrece a los ojos de los legos como insoluble- sobrevino con Juan XXIII y los postconciliares que en América Latina tomaron el camino de la Teología de la Liberación. Lo importante del documental de Young y Zubizarreta es lo siguiente: se caería en una falacia si se viera a la Iglesia Católica como un cuerpo colegiado monolítico. No lo es ni lo ha sido nunca. Es un organismo fuertemente político y así se ha demostrado a lo largo de la historia -tenemos a Pío XII pero también a los teólogos o simples católicos exterminados en los campos de concentración-.

 

Un toque diferente

La parroquia de San Patricio está ubicada en uno de los barrios elegantes de Buenos Aires. Hace ya muchas décadas que Belgrano abandonó el caserón de tejas de Homero Manzi. Es, más bien, un lugar donde se aglutina la gente que llegó o la que ya estaba. Todos ellos, desde comienzos de los años 70 del siglo XX, no dejaban de mostrar su indignación ante los sermones de los palotinos. Esto es lo que se dice en el documental. Incluso los dos realizadores nacieron en ese barrio y lo conocen bien. No es igual San Patricio que la Santa Cruz, ubicada en el límite entre Almagro y Boedo y lugar que frecuentara Astiz.

Las víctimas estaban marcadas de antemano por los mismos vecinos, aunque los más jóvenes -esto también se aclara- creían aún en la policía. Por aquellos años el tableteo de los disparos en una madrugada no asombraba a nadie. Uno de los aciertos del documental es señalar que los asesinos también eran católicos -uno de ellos se persigna luego de tocar el agua bendita-. Para quienes están fuera de toda religión el asunto es muy difícil de entender, excepto el hecho de que se trata de un asesinato feroz -ahí se encuentra Horacio Verbitsky y su interpretación de los hechos-.

Eduardo Kimel, autor del libro "La masacre de San Patricio" (Lohlé-Lumen, Buenos Aires, 1995), también aparece en el documental y fue, durante años, el único que tuvo que rendir cuentas a la justicia. ¿El motivo? Haber difamado a Rivarola, el juez que dio el caso por terminado. Con el asunto de las famosas leyes de Alfonsín rematadas por Ménem quedaba como culpable por haber querido desentrañar la verdad de los hechos.

El padre Kevin O´Neill, quien muriera en 2003 -la película comenzó a rodarse en 2001-, ya muy anciano y vencido, se ocupa de radiografiar a todos y cada uno de los asesinados. Su figura forma parte de una pesadilla o de una mala película. Se la contrapone al por entonces arzobispo de Buenos Aires, monseñor Juan Carlos Aramburu. Este último -y otros como él- parecen cerdos adobados con las vísceras de los muertos. El camino elegido luego del crimen por dos de los integrantes de la congregación parece disímil pero no lo es: uno, comienza un peregrinaje obligado: lo envían a Roma a visitar museos. Se había salvado porque se hallaba en esos momentos en Colombia y decide, luego de varios intentos de trabajo comunitario, abandonar los hábitos. El otro, que había decidido pasar la noche fatídica en la casa de los padres tras una función de cine sigue dentro de la orden, aunque no hay diferencias entre ambos: los dos insisten en una Iglesia abierta hacia los más necesitados.

 

La película

Los dos jóvenes realizadores partieron del libro de Kimel para filmar el documental. Sin embargo, tuvieron que recurrir a la Embajada de Estados Unidos porque camarógrafos de la TV de ese país habían filmado los cadáveres y el velorio, imágenes que desaparecieron misteriosamente de Argentina. Los militares no tuvieron más remedio que ceder y permitirles la entrada. Al fin y al cabo los golpes en América Latina contaban con el beneplácito de ese país. A estas alturas, no se le puede negar ese favor a un país latinoamericano. Es una gracia concedida luego de haber obtenido lo que ellos querían.

Los pasajes leídos por Julio Chávez del diario de Alfredo Kelly no demuestran que este hombre tuviera participación política alguna, aún cuando es muy clara su posición con respecto al golpe de marzo de 1976. Sabe que su parroquia está marcada. El documental demuestra que hay una iglesia católica que no tiene demasiada prensa. Es la postconciliar, la que optó no por la limosna sino por la reivindicación. De lo que el espectador duda es de que esta gente tenga cabida dentro de la actual sociedad argentina. Se nos dice Es lo que hay con respecto a lo que quedó luego del golpe. Y ese país no nos interesa ni nos gusta. La nuestra no es, sin embargo, una actitud muy cómoda. La indiferencia todavía no nos ha ganado. Algo habremos hecho.

El estreno de 4 de julio - La masacre de San Patricio se produjo al cumplirse un nuevo aniversario del hecho. Las oficinas católicas se apresuraron a conceder galardones y hacia el final se nos dice que se ha solicitado la canonización de las víctimas. Esto es ya algo que no nos interesa. Se producirán las correspondientes discusiones en los organismos pertinentes, el papelerío y la respectiva burocracia: habrá que ver si le conviene a la iglesia elevar a la categoría de canonizados beatos a los asesinados o si, para lograr un empate, no intentan al propio tiempo elevar a los altares a algunos miembros de la jerarquía eclesiástica latinoamericana, absolutamente corrompida y en un viaje de ida sin retorno.

 

* La presente ha motivado una nota de nuestro columnista Román Correa titulada "Una reflexión a propósito de una matanza" y que puede verse haciendo click aquí.

 

En este número:

Portada del Nro. 9
por  El Escarmiento
El "pensamiento Petete"
por Domingo Arcomano
Una sociedad devenida asesina
por Abel Posadas
El mal que aqueja a la Nación es la extensión... de las nuevas zonceras progresistas
por Diego Gutiérrez Walker
Hasta los Griegos están en contra
por Verónica Bermúdez Reinhardt
El juicio del mono (apuntes sobre el fundamentalismo religioso norteamericano)
por José Luis Muñoz Azpiri (h)
Una reflexión a propósito de una matanza
por Román Correa
Pintura argentina, pintura para los argentinos y pintura peronista
por Catalina Corripi
Los dioses ajenos
por Abel Posadas
Ernesto Sábato
por Domingo Arcomano
Relato del escritor Ernesto Sábato enviado a los diarios sobre su retiro de Mundo Argentino
por  El Escarmiento
Carta Abierta de Ernesto Sábato al Presidente de la República, Pedro Eugenio Aramburu
por  El Escarmiento
Contratapa
por  El Escarmiento
Propietario: "El Escarmiento S. R. L."
Director: Domingo Arcomano
Jefe de Redacción: José Luis Muñoz Azpiri (h)


Todos los derechos reservados ® El Escarmiento SRL
  elescarmiento@elescarmiento.com.ar