"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año I, Volumen 4/5 - Noviembre de 2004  
EZRA POUND: ENSEÑANZA PARA ARGENTINOS
por Pablo S. Taborda

Se ha dado a luz por primera vez en castellano por El Calafate Editores (2004) dos trabajos de Ezra Pound que hacen a sus ideas político-económicas y que poseen una "antigüedad" de setenta años. Se trata de Jefferson y/o Mussolini (1933/1935) y Crédito Social: Un impacto (1935).

El elogio de esta edición ya lo realizó de alguna forma Juan Sasturain en el diario "Pag/12" el 27-6-04; pero nuestro acotado comentario y que da motivo al título de esta nota "Enseñanza para argentinos" tratará de una constante que critica Pound y que, una vez más pero ahora con inusitado dramatismo, pone en duda nuestra subsistencia como nación. Ella es la usura.

El gran poeta refiere en la segunda de las obras (Crédito Social) que "nadie puede comprender la historia sin entender de economía" y que su generación (nacida en 1880)" fue arrastrada a una supina ignorancia en economía, una ignorancia fruto en parte de malicia y en parte de pura pereza e incompetencia". Ciento veinticuatro años después parece que nos encontraríamos en la misma situación, con las graves consecuencias que esto conlleva.

Hablando del "precio justo" del economista Douglas, al que sigue en gran parte, afirma Pound que "la propiedad no es capital" (entendemos que se refiere al capital financiero) y que "el Estado tiene crédito"; dicho esto ante el machaconeo neoliberal del Estado como traba para el desarrollo económico, para dejar la economía en manos del Dios Mercado, con la sedicente teoría del "derrame" y tantas otras mentiras repetidas hasta el hartazgo y que han demostrado en su propia práctica su ineficiencia social y económica para el pueblo de "pata al suelo". No obstante lo cual, en su defensa de los espúreos intereses creados en especial desde 1976, Martínez de Hoz mediante- no deja de presionar en los medios de comunicación y sus fuertes espacios de poder, nacional e internacional.

Como nos detendremos sólo en la usura nos limitamos aquí a apuntar que cuando comenzó, luego de la crisis inédita, un pequeño auge bancario, los depósitos de los argentinos se efectuaron mayoritariamente en la banca estatal- ya que ahora parecían comprender (los que no estaban ligados al "establishment") que habían sido estafados por la banca extranjera que no se hizo cargo de su responsabilidad, y ganancias extraordinarias, de 1976 en adelante, pasando por la "convertibilidad" de 1991. El "medio pelo" había entendido ahora que "el Estado tiene crédito" (Pound); aunque no sabemos cuanto le puede durar porque tiene frágil memoria. Es "zonzo" diría don Arturo Jauretche. Hoy día el tema jubilatorio y su vuelta al Estado, que es el que en última instancia de alguna manera tiene que hacerse cargo, está en el tapete. Reiteramos, aún el peor Estado -mientras exista y no se disuelva- tiene crédito.

La gigantesca deuda externa argentina comienza por el accionar de la banca internacional- la que ahora pide garantías sin reparar en sus inmorales ganancias- que impuso a los países dependientes la toma de empréstitos por el exceso de dólares (petrodólares) que sus clientes petroleros habían depositado con motivo de la crisis del petróleo de mitad de la década de 1970. Lo que se realizó con la complicidad de la dirigencia argentina aupada en el poder mediante el golpe de estado de 1976.

Al contrario que en Brasil en nuestro país los empréstitos sólo sirvieron para financiar la fuga de divisas al exterior, la cosa comenzó con una tasa de interés en u$s del 5,64% (1977), pero en 1981, por decisión unilateral de la Reserva Federal de los EE.UU, ascendió a nada menos que el 16,77%. A partir de ahí el efecto "bola de nieve" se torna incontenible; por lo que en 1991 se sanciona el Plan de Convertibilidad con caja de conversión impropia (1 u$s = 1 $ m/ n) que sólo podía funcionar, como en la practica se demostró, con nuevos empréstitos en que se capitalizaban los bonos e intereses de los anteriores a valor nominal, cuando habían llegado a cotizar en el mercado a no más de un 18% y, por otro lado, con altísimas tasas de interés internas. Siendo de destacar que los supuestos u$s instrumentados en plazos fijos, tarjetas de crédito, en la usura privada, etc, no contaban con respaldo del Bco. Central y tampoco de sus beneficiarios y emisores.
Entre las conclusiones del decisorio de fecha 13/7/2000 del juez Ballesteros en la causa seguida por ese gran patriota que fue Alejandro Olmos, expediente que hoy parece dormir en el Congreso de la Nación, se destaca que está probado la violación de todo el ordenamiento legal argentino para endeudar el país arbitraria e injustamente y que "La existencia de un vínculo explícito entre la deuda externa, la entrada de capital externo de corto plazo y altas tasas de interés en el mercado interno, y el sacrificio correspondiente del presupuesto nacional desde 1976, no podían pasar desapercibidos para las autoridades del Fondo Monetario Internacional que supervisaban las negociaciones económicas".

Como nos decía Pound "la espada puede proteger contra la invasión extranjera pero no contra la astucia de los usureros. Contra la usura nunca consiguió nada".

La usura no tiene un fundamento en si misma, para él su causa es la avaricia, y fue condenada aquélla por la Iglesia por ir "en contra del crecimiento natural", en este caso contra el crecimiento natural de la economía.

Hoy mismo el sistema financiero, luego de haber succionado como un vampiro la economía real, productiva, hasta casi aniquilarla- percibe un interés de alrededor del 30% anual en la "financiación" de las tarjetas de créditos; ni hablar de la tasa para intereses en descubierto y múltiples ítems (cargos) inventados que se capitalizan y también devengan intereses. Esto cuando en EE.UU. y otros países desarrollados, centrales, ella no supera el 1,75% anual. Así no hay traste que aguante, como dice la sabiduría popular; también se puede traducir como; son muchos azotes para un solo trasero (el del sector del trabajo y la producción).

Pero más allá del aspecto moral debe tenerse en cuenta que se trata de un problema de subsistencia como nación; mientras el titular del Bco. Central sugiera que la tasa de referencia no supere el 3% anual para Pymes y particulares (diario Clarín del 20-904, pág.10), y el Estado no ponga su fuerza y crédito en obligar a ello, sólo se tratara de discursos; y la realidadinjusta distribución de la renta nacional, desempleo, corrupción, delincuencia, etc- no se transformará. Inclusive porque el crecimiento no implica de por sí equidad y empleo- auténtico desarrollo-, como lo reconoce hasta el Banco Mundial (ver diarios del 299-04).

El crédito para el consumo de las clases populares (el pueblo), como para las Pymes, se ha tornado insostenible (la tasa de rentabilidad de estas empresas no aguantan sin el crédito que "es del Estado" pero usufructúan los capitales financieros que se apropian doblemente de la producción nacional; por un lado toman depósitos fruto del esfuerzo nacional y luego, por otro lado, exaccionan a la comunidad argentina en base a intereses usurarios que perciben por la utilización de dinero que no es de ellos (la diferencia entre las tasas pasivas que se abona a los ahorristas y las activas que cobran a los prestatarios es sideral en nuestro país; en derecho esto se llama "enriquecimiento incausado") .

Habla Pound de dos clases de bancos "los construidos para la beneficencia y para la reconstrucción, y los creados para depredar a la gente". El sistema bancario instaurado en 1976 fue para lo segundo; debemos apuntar a lo primero: porque es lo primero el pueblo y la nación. Impidiendo, a la vez, que la banca internacional- como otras empresas oligopólicas (gas, petróleo, energía eléctrica, agua, telefónicas, etc)- puedan obtener en la Argentina beneficios que triplican, o aún más, los que consiguen en su lugar de origen. Quedando aclarado que esto vale también para los capitales de rapiña de "los malos argentinos", pues no debemos olvidar que la inmensa mayoría de la deuda externa estaría en poder de estos aprovechados "compatriotas".

Con ironía menta nuestro autor que las operaciones del infierno bancario "se han realizado con esplendor, desfiles y boato. Han garantizada la exactitud de la contabilidad". Y en gran medida se han convertido en juez y parte de sus intereses; el "imaginario bancario" (avaricia) es inagotable y sólo puede tener los límites que el Estado le imponga, de ahí que el neoliberalismo lo ataque tanto a éste pese a que lo usa al servicio de sus intereses: no se quejan los bancos de pedir garantías para expoliar a la población y no responder por los abusos y excesos cometidos. Ya en 1935 Pound criticaba que "el dinero- cuya función es sólo alcanzar los bienes a la gente que los necesita-no sólo ha sido considerado un bien (en si mismo) sino que se le confirieron privilegios por encima de todos los otros bienes. Eso fue de una injusticia flagrante. Una vez que los hombres libres hayan entendido eso no lo tolerarán ni por una hora".

Pound no era fascista ni comunista, ni anticapitalista, ni siquiera estaba en contra de cualquier tipo de banco: solo combatía la usura, fundada en la avaricia, y cuyo agente más representativo era ciertas tipo de banca. Por ello, y no por otra cosa, fue condenando por el "establishment": la usura y como diría Martin Fierro, es como los teros, "en un lado pega los gritos y en otros pone los huevos".

O habrá sido condenado por escribir: "Durante cien años los Estados han hecho poco con su crédito salvo sabotearlo o utilizarlo por menos de su valor, o pagar tributo a las compañías privadas. Un gobierno de conejos hipnotizados no podría comportarse con mayor imbecilidad y a la larga no podría ser mayor la traición al pueblo".

Felicitaciones y agradecimiento a El Calafate Editores por esta joyita que nos ha traídos traducción y anotación mediante, y que, creemos, conserva vigencia, actualidad, en muchos de su tópicos además del anotado. Es que así como el amor es un sentimiento universal, la avaricia -fundante de la usura según Pound- también lo es. La temporalidad está en sus formas, no en su esencia: proyectemos el sentimiento de amor a nuestro pueblo combatiendo la avaricia y su hija bastarda -la usura- que lo excluyen, lo dejan fuera, de un Estado que debe configurarse a la medida del hombre argentino y no de sus enemigos de dentro y de fuera, como diría don Leopoldo Marechal.

Mar del Plata, 29-09-04.

Propietario: "El Escarmiento S. R. L."
Director: Domingo Arcomano
Jefe de Redacción: José Luis Muñoz Azpiri (h)


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