"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año I, Volumen 3 - Setiembre de 2004  
"CELESTINA Y LA PEDAGOGIA DE LA HISTORIA"
por Jorge Bernardo Rivera

Riesgos y seducciones de la marmolería funeraria

Ubicarse en la vereda de enfrente en materia de exégesis y apologética histórica involucró habitualmente riesgos académicos y personales que no todos los autores desearon correr. Pero entre nosotros resultó peligroso no sólo ubicarse en la vereda opuesta, y disentir con lo esencial de la patrística consagrada, sino hasta el simple hecho de colocarse en posición "heterodoxa" en cuestiones accesorias o de mero detalle anecdótico.

Se corría, por ejemplo, el riesgo nada desdeñable de no ingresar en la Academia (esa especie de Jockey Club de los historiadores), como les ocurrió a Rómulo D. Carbia y a Diego Luis Molinari, o de acceder apenas como miembro "correspondiente", -tal como le pasó a José Luis Busaniche, a pesar de su liberalismo, su erudición y su incuestionable seriedad historiográfica.

Se corría, lo que para un historiador o una corista equivale a un auténtico suicidio profesional, el riesgo del silencio, de la animosidad sorda, del rumor desprestigiante, de la hostilidad rencorosa y de la condenación a la última fila, como le ocurrió a Ernesto Quesada por sus libros sobre el rosismo, a Ricardo Rojas (hasta que "reaccionó") por La restauración nacionalista, a Juan Alvarez por Las guerras civiles argentinas, a Rodolfo y Julio Irazusta por La Argentina y el Imperio Británico, a Raúl Scalabrini Ortiz por Política británica en el Río de la Plata, e inclusive a Enrique de Gandía y Roberto Levillier por sus trabajos "heterodoxos" sobre Alzaga y (¡horresco referens!) Américo Vespucio.

Pero no se trata, por cierto, de predicar la guerra santa contra el Olimpo liberal para erigir en su lugar una nueva casta de Inmortales revisionistas y de "estampitas" nacionales, sino de recuperar (sin recortes excluyentes ni trucidaciones prejuiciosas, como las que hemos padecido) el conjunto del campo histórico y cultural, en todos aquellos aspectos que hagan de manera profunda y efectiva a nuestro proceso de descolonización, de reidentificación y de reivindicación de los propios patrimonios.

La epistemología y la pedagogía del colonizado, del subdesarrollado, del "negro", del marginado, del periférico, tiene características indudablemente peculiares. El suyo es muchas veces (o casi siempre) un "saber" y un "hacer" de bricolage, de asociaciones sorprendentes, de maridajes insólitos, como lo es el Barroco de Indias y el arte hispano-criollo, para el cual el higo que se coma a un burro o la famosa combinación lautreamontiana del paraguas, la máquina de coser y la mesa de disecciones (Cantos, VI, 3) es mucho menos fortuita e insólita de lo que se suele suponer (acaso porque Ducasse, en definitiva, era montevideano y se había criado entre los degüellos y las alucinaciones del Sitio Grande).

…Fermín Chávez recuerda un texto decisivo para la historia de nuestro proceso de descolonización mental, se trata nada menos que de La Tercera Emancipación, de Manuel Ortiz Pereyra, publicado en 1926 y en el que se anticipan en más de dos décadas, según Chávez, los planteos epistemológicos de KarI Mannheim y otros sociólogos y antropólogos de nuestro tiempo.

Cualquier lector con una razonable cuota de información científica encontrará un llamativo aire de familia entre la formulación del planteo "relativista" de Ortiz Pereyra, muy importante desde el punto de vista de la provisoriedad de las ciencias consideradas desde la posición de los pueblos dominados, y con el lenguaje de los divulgadores de la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

El famoso matemático y físico alemán nos había visitado en 1925, una año antes de la aparición de La Tercera Emancipación, y Leopoldo Lugones, por su parte, había explicado la Teoría General de la Relatividad en 1920, en las conferencias que luego integraron El tamaño del espacio. No resultaría exagerado conjeturar que Ortiz Pereyra pudo sentirse atraído por la lectura de algún texto de divulgación y desplazó ideas básicas de un campo gnoseológico hacia otro: de la divulgación de, la física teórica y la especulación matemática hacia el territorio más lábil de la sociología y la reflexión política. Una operación típicamente "herética", para expresarlo de algún modo, que tal vez se hubiese resistido a emprender la mentalidad categorial, clasificadora y especializada de un científico "a la europea", quien seguramente no hubiese encontrado siquiera la posibilidad de establecer puentes y equivalencias entre los códigos, objetivos e intereses de ambos campos.

No se trata, insistimos, de canjear unos ídolos epistemológicos por otros, de desplazar fetiches de un signo por fetiches de otro, como hizo, en cierta forma, la vieja ideología liberal y positivista, sino de manejarse sin prejuicios ni anteojeras, admitiendo que estamos más cerca de la "economía de aprovechamiento" de los constructores de villas miserias, callampas, cantegriles, bidon-villes, favelas, etc., que de la aséptica preceptiva de los arquitectos y urbanistas de la hipertecnología multinacional, y aceptando -como bien recuerda Chávez- que "esto tiene otra llave / y el gaucho tiene su cencia".

(Fragmento)
Publicado en : "CREAR en la Cultura Nacional"
Bs. As., set-oct/82, Nro. 10, págs. 44/45.

 
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