"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año I, Volumen 3 - Setiembre de 2004  
Universo Rejtman:
de Rapado (1996) a Los guantes mágicos (2004), una parodia de la clase media.
por Miriam Goldstein

Considero que el cine argentino de los últimos años es, posiblemente una de las manifestaciones artísticas más ricas de entre las muchas que dan cuenta de los diversos imaginarios en pugna que recorren nuestra sociedad actual. Propongo, en esta oportunidad, una lectura de las películas de Martín Rejtman, cineasta joven, considerado desde hace más de una década como talento pionero e innovador entre los críticos especializados y los jóvenes estudiantes de las escuelas de cine. Un detalle interesante: Rapado -su ópera prima de 1991-, fue calificada de "película sin interés" por el INCAA, gestión Mahárbiz, objetándosele que "mostraba una juventud sin horizontes, sin ideales y, por tanto, no-argentina"(1) . Fue estrenada tardíamente en 1996.

Sus filmes "hablan" del espacio social todo, aunque lo hagan por omisión -no aparecen en escena los más privilegiados, ni los desposeídos, ni los lúmpenes. Su personaje predilecto es la clase media, aunque empobrecida.

Lo que hace a su filmografía altamente interesante es que en sus historia consigue, sin pasar por encima de la carencia económica, un descentramiento de este motivo de queja - que suele ser la marca más frecuente entre los sectores sociales a quienes representa- para enfrentarlos con un universo experiencial desdramatizado, distanciado y, en consecuencia, paródico. De esa manera, logra poner/nos al descubierto nuestras carencias y nuestras miserias más escondidas. Su cine opera como un catalejo: a la vez que sirve para alcanzar una visión que va más allá, logra acercarnos al detalle.

No parece casual que, a través de su serie -Rapado (1996), Silvia Prieto (1999) y Los guantes mágicos (2004)-, la edad de los personajes protagónicos haya ido ascendiendo. Esto sirve para poner en evidencia que los jóvenes adolecen de ciertas características y los supuestos adultos, de tan "juvenilizados", no se muestran capaces de contenerlos, y menos aún, de funcionar como figuras ejemplares. Todo lo contrario: se derrumban detrás de un discurso tan inútil como impracticable en estos tiempos.

En definitiva, los habitantes de la ciudad son mostrados en la más extrema soledad, en la sumergidos en la inercia de no poder registrar siquiera, con cierta seriedad, sus aspectos valiosos como individuos, tan abotagados que ni se imaginan como integrantes de un grupo que pueda transformar la realidad.

Mentir y mentirse puede ser una coartada, pero la verdad es que todos son absolutamente intercambiables en el marco de la Argentina de los últimos años. Ausentes las instituciones, su intervención jamás será convocada por los protagonistas de Rejtman, quienes ante la menor sugerencia al respecto muestran absoluta desconfianza.

Tampoco confían en la institución familiar. Discursos de padres e hijos corren por carriles paralelos, sin intercambiar una cuota de comunicación veraz. Se habla lo mínimo indispensable y solamente se transmiten ciertos datos intrascendentes. Cuando no se miente, se disimula o se desoye al otro.

La ligazón principal parece darse entre ser humano y "máquina de trasladarse", medio de transporte, que posibilita el deambular. Estos son seres que se desplazan permanentemente, como forma de liberar sus incomodidad. Desechadas las posibilidades de movilidad ascendente, es decir, de ascenso social, el único recurso parece ser el merodeo.

Y gracias a él, a sus innumerables e impredecibles periplos, puede llegar la "salvación" inesperada: "salvarse provisoriamente" es capturar algo de otro, apropiarse, ¿robarle? Llamarlo así sería darle un estatuto moral condenatorio que no existe en Rejtman. La actuación desafectivizada que en los casos de hurto/asalto muestran sus personajes parece abonar la idea de que, en nuestra sociedad actual, todos nos sentimos estafados. En definitiva, si nada de eso adquiere dramatismo es porque todos podremos devolver el gesto de atropello del que hemos sido víctimas. Y vale poner la creatividad al servicio de este acto retributivo.

En "Los guantes mágicos", su película estrenada más recientemente, pone en escena un pequeño mundo donde uno se pregunta quiénes son los jóvenes. La edad manifestada entre sus personajes más jóvenes oscila entre 24 y 32.

Piraña y su mujer, quienes por apariencia y experiencia deberían funcionar como adultos dentro de este micro-grupo social, son quienes primero se muestran verborrágicos, invasores, intrusivos, para luego ir degradándose. Él (Sergio/Fabián Arenillas) llegará a introducir a los más jóvenes en un utópico negocio de guantes mágicos, o sea los conducirá al fracaso, por la vía que antes afirmaba haberle resultado rentable: dice no haber progresado económicamente gracias a su música, sino a sus negocios. Ella (Susana/Susana Pampón), agente de viajes, o mera empleada de una agencia, es quien más esfuerzos ha dedicado a rescatar a Ceci (Cecilia Biagini) de una supuesta depresión que le diagnosticó; termina cooptada por la parálisis, el abandono, la abulia depresiva y la inercia que antes tuviera la joven.

Resultados: su expulsión del terreno donde actúan los otros, recluida en un spa de Brasil, sólo reclamará la compañía de un perro. Y no se trata de una inmolación que beneficie a nadie, ya que no le ha hecho más que daño a la pobre y joven Ceci, quien en definitiva será tardíamente rescatada por los apasionados abrazos de un extranjero. Entonces, los supuestos adultos cuarentones no se distinguen en esta historia por una función de contención, rectora ni benefactora en ningún sentido, independientemente de sus supuestas buenas intenciones.

Sus viejas fórmulas para explicar la realidad, analizar y resolver los problemas, propios y ajenos, resultan no solamente estériles, sino, peor, perniciosas para quienes los rodean.

El espacio geográfico recreado en este filme dicotomiza un dentro / fuera con características bien diversas.

Adentro es la ciudad, de barrios suburbanos, casi desierta, con pocos comercios abiertos, con muchos boliches nocturnos. Con muchos "otros" reducidos a miles de luces encendidas que se destacan en el negro de la noche. Ése es el escenario de una clase media que, aun cuando no parezca tener problemas económicos, tiene serios problemas de comunicación. El sinsentido de sus vidas se manifiesta a través de "fórmulas" que muestran pronto su caducidad, o , más directamente, mediante patologías de misterioso origen.

Los personajes están todo el tiempo dialogando en un "adentro" -de Buenos Aires o de otra ciudad argentina- pero, al mismo tiempo, viajan de una casa a otra, y, especialmente, de un lugar donde habitan, al aeropuerto que los llevará hacia el afuera nunca visto, pero pensado siempre como fuente de una mejoría, sobre todo psicofísica, pero también económica, en el caso del actor de películas porno.

¿Cuál es la manera peculiar de transitar la ciudad de estos seres, ya que nada del contacto con otros es escenificado?. Casi no dialogan por fuera del lazo que los une entre sí. Y nadie del afuera los afecta demasiado.

Aquellos que se acercan parecen terminar como atrapados dentro de los límites de una burbuja invisible, que ellos mismos alimentan a través de historias altamente inverosímiles que pretextan para sus acercamientos.

Otra de las cuestiones relevantes que se escenifican es la escasa importancia de la identidad, de las personas y de las cosas, que se toman y se dejan, aparecen y desaparecen, sin que ello preocupe demasiado a nadie.

En cuanto a las personas, la desaparición de la mujer de Piraña sólo es manifestada verbalmente por el narrador protagonista, sin que sus palabras tengan como correlato alguna manifestación de los efectos de su ausencia.

En cuanto al auto, el Renault 12 blanco, es quizás lo que más parece querer en el mundo Alejandro, sin que por ello pelee por mantenerlo hasta las últimas consecuencias. Otra decena de autos parecidos lo harán fantasear con su pertenencia, y jugar a que obedecen al comando de su cierre centralizado de puertas, lo mismo que si fuera el suyo.

Cecilia lo ha dejado, pero Alejandro (Vicentico Fernández Capello) permite que Valeria ocupe prontamente el lugar de compañera. Asimismo, cuando Valeria manifiesta que se irá lejos, envidiosa del hombre que se llevó a Ceci, se sugiere que será nuevamente abandonado. Desfile de mujeres, profundamente diferentes en algunos aspectos, que no parecen preocuparlo demasiado. Luego, desfile de automóviles, ajenos, que tampoco generan un cambio. Se roba uno por un rato, y allí finaliza toda la transgresión. Da lo mismo todo: ser chofer, de remise o de ómnibus.

Los jóvenes que nada hacen -la primera Ceci, Alejandro- tampoco pueden dormir, disfrutar de los placeres del cuerpo, cuidar su cuerpo.

En todo caso, todos, los jóvenes verdaderos y los adultos "juveniles" por inmaduros, se revelan como asexuados. Siempre cubiertos por algo que impide el contacto de sus cuerpos, podemos pensar que los únicos gemidos que se escuchan en el filme devienen de la construcción ficcional de una película porno.

Nadie ha tenido ni promete tener descendencia: la esterilidad es suprema y generalizada.

Una lectura, en fin, despiadada. Aislada como en un laboratorio de análisis, la clase media recreada en el cine de Rejtman carece de horizontes.

(1) Citado de "Martín Rejtman: la superficie de las cosas" en Bernades, Lerer y Wolf (editores): Nuevo cine argentino. Temas, autores y estilos de una renovación. Buenos Aires, Tatanka, 2002.

 
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Jefe de Redacción: José Luis Muñoz Azpiri (h)


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