"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año I, Volumen 2 - Agosto de 2004  
CON LA BRONCA NO ALCANZA
por Eduardo Romano

Eduardo Romano desmenuza críticamente el libro de Sant Roz, cuyo ajustado título define adecuadamente su objeto, pero su interior pierde la magnífica oportunidad de desmenuzar los funcionamientos de los "aparatos" de comunicación, sin poder hilvanar respuestas político-institucionales adecuadas. La ceguera política del autor parece ser el pequeño síntoma de un vasto conjunto inestable al que las recientes elecciones y el triunfo de Chávez -a pesar de "los medios" (opositores y propios)-parecen consagrar como el de una sociedad radicalmente dividida.


Trato de resumir, con el título elegido, los aspectos más rescatables y también más endebles de esta vehemente defensa (Las putas de los medios. Fuerza Bolivariana Universitaria. Universidad de los Andes, diciembre de 2002) del presidente venezolano Hugo Chávez y de su movimiento bolivariano. Vehemencia que lleva al insulto, bastante reiterado, contra personeros del poder internacional que a todos nos repugnan, pero a los que debemos cercar con denuncias concretas, con datos irreversibles de sus conexiones y genuflexiones, cosa que , por otra parte, el autor también proporciona ( por ejemplo a propósito de Gustavo Cisneros, un zar de las comunicaciones locales que "no sabe expresar coherentemente una frase en español", en las páginas 150156), no obstante lo cual se ha beneficiado con su intermediación en toda clase de negocios electrónicos gracias a la confianza que le tienen "humanistas" como Henry Kissinger o David Rockefeller. En cuanto al autor, José Sant Roz, aclaremos que es docente universitario -en la Universidad Nacional de Los Andes, editora del libro- especializado en Física y Matemáticas, que ha publicado acerca de esas ciencias, pero también sobre historia y política venezolanas. Que acredita una esmerada formación, pues tras haber sido becario en California, enseñó en varias universidades (UCV, UDO, Western Illinois). Simultáneamente, ha desarrollado una intensa actividad periodística en El Nacional, donde sus opiniones le acarrearon el despido, y actualmente en La Razón y Despertar Universitario.

Acordamos con Roz en que han existido campañas terroristas sobre la opinión pública en diversas circunstancias y ocasiones de la vida mundial, desde la descalificación de los republicanos españoles, en 1936, hasta la Guerra del Golfo y la más reciente y siniestra invasión a Irak, cuando se inventó el nombre de armas nucleares para las fuentes petrolíferas ambicionadas. En América Latina, recordamos en especial la violentas destitución de Salvador Allende en Chile (1973) o la confabulación de la "prensa seria" (La Razón oportunista, La Opinión "progre" o La Nación que sabe cuál es su lugar en los momentos decisivos) contra Isabel Perón, en 1976, aunque supieran que detrás de la caída de su errática presidencia acechaba un baño de sangre.

Vale en el libro, por tanto, la denuncia contra quienes, también desde los medios gráficos, radiales y televisivos, impulsaron el solapado golpe de Estado contra el presidente Chávez en abril de 2001. Un relato similar al de aquellos antecedentes citados y donde cumplieron un verdadero protagonismo los canales RCTV, Venevisión, TELEVEN y Globovisión, junto con los periódicos El Nacional, El Diario de Caracas, El Universal, etc.

Las influencias del ex presidente Carlos Andrés Pérez y su partido Acción Democrática, los manejos del sindicalismo burocrático y mafioso de Carlos Ortega. Al punto de bloquear las transmisiones de la gubernamental Venezolana de televisión.

Lo que no compartimos es su anacrónica confianza en los criterios de "manipulación", cuya inconsistencia teórica ha desechado hace tiempo la investigación comunicacional. En parte por una razón que se reitera en el texto de Roz y es la de menospreciar a la audiencia, una vez que se la ha declarado absolutamente pasiva. Un acápite del autor afirma en la página 33: "Cien mil estúpidos es una marcha de la Coordinadora Democrática", es decir de la agrupación que impulsó las movilizaciones golpistas de 2001. El convocado a marchar por las calles es un "proclive idiota"(77) y quienes acatan los eslóganes civilistas "un montón de idiotas" (97).

"Cuando vi las imágenes de gente que iba en la marcha del 11-J, me invadió nuevamente la tristeza. Era gente confundida y manipulada en su inmensa mayoría, mezclada con la escoria más nefasta del pasado político nuestro" (98) Sólo en la página 110 parece reparar en que no todos necesariamente sucumben a las maniobras mediáticas, cuando admite que "si algo ha logrado la inmensa mayoría de los venezolanos es derrotar la falacia constante de los medios; esos millones de personas que marchan a favor de Chávez han dejado de creer en los cuatro canales del Apocalipsis y no compran ni El Nacional ni El Universal, algo admirable".
Tampoco cabe, creo, adjudicar a "cómodos y sangrones de la clase media, que siempre dejan que los demás decidan por ellos" (71) y "a casi todo el mundo de la clase media para arriba" (117) devoción proyanqui, aunque la Coca Cola y otras señales del peor gusto hayan invadido nuestra vida cotidiana desde mediados del siglo XX; ni su total sumisión acrítica al dirigismo mediático, aunque conozcamos las debilidades y ambivalencias de dicha clase social en América Latina. En todo caso, y ante tales sospechas, se esperaría del gobierno, si lo alientan verdaderamente aires renovadores y justicieros, impulsar políticas culturales que maniaten y neutralicen a sus adversarios, por arduo que eso sea, impidiendo las movilizaciones callejeras de que Roz tanto se lamenta.

Otra falencia del trabajo consiste en identificar los medios con sus espacios informativos, donde suele concentrarse el interés desorientador y confusionista que propician ciertos intereses concretos. Todos hemos obviado noticieros de algún canal para disfrutar otros segmentos de su programación. En ese sentido, y partiendo sobre todo de nuestra experiencia, ya que desconozco la agenda de los canales venezolanos, el humor -y en sentido más amplio la ficción-ha cumplido siempre una sutil tarea corrosiva capaz de eludir la torpeza de los censores, sólo preocupados por lo explícito o apenas capaces de leer ese nivel del mensaje.
Cierto machismo tropical lesiona asimismo la justificada ira del autor, como cuando trata de "amariconados" o "asexuados" a algunos programas de Venevisión; cuando enarbola el equívoco eslogan "Chávez no se deja" o cuando acude a argumentos discutibles de Wilhem Reich para formular generalizaciones llenas de presuposiciones e indemostrables: "la clase proletaria está menos congestionada sexualmente que la clase media y la alta; en la clase baja el sexo es más pagano y está mucho menos afectado por tabúes. En la clase media y alta se dan muchos problemas de frigidez, cosa que no ocurre en la baja" (118-119).

Roz debería salirse de su enojo para comprender por qué al humilde camillero que asiste a su madre enferma "se le pega" el "se va se va se va" de los opositores, recordar categorías marxistas como la de alienación y no condenarlo por "imbécil" (89), ni negar al pueblo venezolano la posibilidad de adherir a una propuesta política que puede beneficiarlo, aunque no sea inmediatamente, aduciendo que falta "una generación con carácter, noble y emprendedora" (135). Lo que faltan, al parecer, son organizaciones popular-estatales que instrumenten políticas defensivas y capaces de contraatacar a tiempo.

El libro incluye, en fin, una serie de entrevistas y un apéndice documental necesario. De las entrevistas, sobresale la efectuada a la uruguaya Aram Aharonian, Presidenta de la Asociación de Periodistas Extranjeros y de la revista Question, quien introduce una inteligente diferenciación entre el sectarismo de los medios alternativos y la riqueza de los comunitarios, la ausencia de un clase capitalista latinoamericana independiente - la mayoría son gerentes y no empresarios-y la urgencia de organizar una "política comunicacional" efectiva a favor del gobierno. Nuestro compatriota Zito Lema, Director de la Universidad de las Madres de Plaza de mayo, no aporta nada interesante y en un momento opone civiles a militares, a la manera de los más crasos alfonsinistas de ayer, pasando por alto que desde el general San Martín, el almirante Piedrabuena o el general Savio, hasta los patriotas del GOU, de donde salieron Juan Perón y Víctor Mercante, y los últimos nacionalistas expulsados del ejército por la última dictadura, en 1980, muchos hombre de armas bregaron por una existencia nacional digna e independiente.

La venezolana Vanesa Davies reincide en lugares comunes o crasas ingenuidades acerca de una hipotética prensa profesional y objetiva, como si el avance de los estudios acerca de la enunciación no hubiera descartado ya tales posibilidades, insiste en "los rasgos de la compleja y calculada ciencia para distorsionar la información" (212) como si del otro lado no hubiera más que un sujeto inocuo y desprevenido. Admite, inclusive, que cualquier periodista no está haciendo política -en sentido amplio, claro- cada vez que formula una pregunta, acerca un micrófono, emite ciertas palabras o preguntas y no otras.

En suma, si se justifica la bronca de Roz contra las maquinarias que bregan por extender la postración del continente a los mandatos e imposiciones externas, aliadas con inmorales y corruptos "caballeros" venales, sus encuadres y análisis adolecen de muchas debilidades que, al fin de cuentas, no socavan de modo contundente las posiciones del enemigo. Pero ya hace muchos años en varias ocasiones Perón reiteró, confirmando también así su sagacidad política, que el peronismo había triunfado en 1946 con todo el aparato cultural en su contra; que lo derrotaron en 1955, cuando toda la prensa era oficialista, y que recuperó el gobierno en 1973, cuando la dictadura que comandaba entonces el general Agustín Lanusse intentó cerrarle todos los caminos electorales.

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Director: Domingo Arcomano
Jefe de Redacción: José Luis Muñoz Azpiri (h)


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