"Y aquellos que pervirtieron la voluntad del pueblo fueron puestos de rodillas, maniatados y sometidos por la fuerza..."

Codex Supliccium, III-24
 
 

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Domingo Arcomano 


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Año I, Volumen 2 - Agosto de 2004  
UN GRITO A LA 'CULTURA'

El descompromiso de los intelectuales con su pueblo, muestra su hilacha en el empeño en escribir libros para el currículum de las Facultades y para el corral de chivos de los "suplementos de cultura". Cualquier zonzo y cualquier criminal pueden escribir un libro: Según los parámetros vigentes en nuestro País eso lo transforma en un "intelectual". Hitler escribió un libro (ergo, H. era un intelectual), Stalin algunos más, o al menos se le atribuyen (Ídem) y hay docenas acerca de cómo hacer saltar la banca en Mar del Plata. Todos intelectuales.

Nuestros "intelectuales", de segunda, naufragando entre la epistemología de las ciencias sociales y la denuncia, creen que son el cerebro de algo, cuando en la realidad son la mierda de algo llamado "como sobrevivir trabajando de felpudo y de inteligente hasta que nos descubran".

No alcanza con ser "investigador" o creador. El producto tiene que insertarse en un conjunto más vasto, un proyecto cultural articulado por un proyecto nacional, y, aún ausente éste, poder - por sus cualidades intrínsecas - perpetuarse a su espera.

A ello hay que agregar la trivialidad esteticista que sólo perpetúa la crisis en la sociedad colonial (baste pensar en las goriladas de Sebreli y en sus cursos de "estética" en Punta del Este, aplaudido por Mirtha Legrand).

Estos cráneos luego son aplaudidos en el fundo del autobombo como "pensadores serios". Mientras, los que pensaron en serio, fueron martirizados porque se atrevieron a pensar la Nación (también al diario) y amaron profundamente a su Patria. Por ello pagaron el precio del suicidio (Lugones), la extrema pobreza (José Gabriel) el silencio (Marechal, Cesar Tiempo), el exilio (Jauretche) o la tergiversación de sus ideas por el raterío del discipulaje (Saúl Taborda).

Esto ya da asco.

Reclamamos la INTERVENCIÓN ESTATAL EN LA CULTURA MOVILIZADORA DE LA CREATIVIDAD DEL PUEBLO Y LA LUCHA FRONTAL CONTRA LAS DIVERSAS FORMAS DE PENETRACIÓN COLONIAL EN ESTE CAMPO.

¿PERO QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?

La capacidad insólita para destruir lo inexistente (una gestión estatal de la cultura nacional) se encuentra anclada en el bunker de Barrio Norte llamado Secretaría de Cultura, al que hay que entrar encapuchado como piqueteros para evitar ser reconocido como cómplices del desastre.

Decía Ignacio Anzoátegui que había que crear la "Dirección Nacional de Patadas en el Culo". De existir, el primer expediente, por lo fácil y expeditivo lo encabezaría la "sunyata" -la vacuidad- de la gestión de Torcuato di Tella, un budista criollo que está por alcanzar la iluminación por su extrema concentración en no hacer nada.
Le corresponde al Ejecutivo, que eligió mal, muy mal, a este "colaborador" y "compañero de ruta" direccionar la punta del zapato.

¿Cuándo ECHAN a Torcuato di Tella?

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Jefe de Redacción: José Luis Muñoz Azpiri (h)


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